domingo, 16 de septiembre de 2012

Nocturno



Al principio del verano, colgamos una gran hamaca de color calabaza entre dos postes del jardín. Al anochecer, me gusta descansar en ella meciéndome suavemente. Desde mi barca de algodón, veo a los gatos jugar entre las petunias. Aplico el oído a los sonidos nocturnos. A veces pienso que la música de la naturaleza es lo único que puede superar la majestad del silencio. Respiro la calma del instante.

De uno de los postes que escoltan la hamaca, pende un letrero de madera desgastada que reza: "Puente Viejo". Lo rescatamos del abandono un día de paseo campestre. En efecto poco antes habíamos dejado atrás un puentecillo muy deteriorado que no ostentaba nombre alguno.




Se alborota el aire tibio y bisbisean las hojas. Voces de una realidad secreta, esquiva al oído aletargado, o inexperto. 

¿Por qué motivo, en una noche tan bella, puede asaltarme el recuerdo de esas otras noches, malas noches que no perdonan a nadie? Oscuridades que conminan a la quiebra vital sin restricciones.

Todo se supera si ayuda la voluntad. De la comprensión profunda nacen todas las posibilidades. Aprendí una regla que se cumple siempre: La comprensión definitiva sustituye al esfuerzo reiterado.

Rompe esquemas, lo sé; pero comprobé su verdad. Desvelada tu lucha, ya no la necesitas.

El sueño va pesando en los párpados, más que todo un cielo pródigo sobre mí, más que el deseo inquieto de apurar la magia de esta noche.



Mariaje López.




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