lunes, 28 de enero de 2013

Salobreña





Océano lento,
vidrio longevo.
Tabernáculo inmenso
que lame el velo rasgado
de un cielo incierto.

¿Qué traes de nuevo?

Océano lento,
susurros quedos.
Bálsamo que despacio
cura tu cuerpo
de amores rancios.

¿Hay un sol nuevo
rompiendo el cerco?
¿Parió la noche  
su otro retoño
de viento y fuego?

A éstas alturas
¡Yo quiero verlo!  





Mariaje López

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lunes, 21 de enero de 2013

Concierto para cuarteto de flauta y pavo real



           
El concierto estaba llegando a su final. Flanders Recorder Quartet interpretaba el Allegro del Otoño de Vivaldien el último de los Paseos Musicales de aquel año, dentro del Festival de Música Antigua, que el Ayuntamiento de Aranjuez y la Comunidad de Madrid organizan en primavera. Se trata de unos paseos guiados por los distintos jardines, en los que se recuerda su historia y se describe su perfil botánico. 

Mi pareja y yo estábamos en el Jardín del Príncipe junto a una veintena de personas, disfrutando del concierto que cerraba la temporada en la Fuente de Apolo. El divino lucía un tanto mustio, con el estanque vacío por obras y restitución de arquetas. Semidesnudo, semisentado, con el carcaj sobre un muslo, el pelo almidonao y la lira apoyá en la cadera, recordaba más a Celia Gámez que a un ilustre del Olimpo. Bien podía habérsele ahorrado el escarnio, que rincones aptos no parece que falten en los jardines. Ni los dioses se libran de la indelicadeza.

miércoles, 16 de enero de 2013

Steve Jobs: La vida sin instrucciones. (Por Verónica Puertollano)






Nadie cuyo ordenador sea una verdadera extensión de su cerebro (y no una palangana) puede negar el impacto del diseño de la máquina en la vida diaria. Nadie que comprenda realmente lo que significa salir al frente con su inteligencia debe ignorar el caso del empresario Steve Jobs. Como suele decir Cristian Campos, sobre gustos sí hay mucho escrito.


Hace tres años me regalaron un iMac. El cuadernillo que lo acompañaba era por primera vez una elegante cortesía y no un trámite que saltarse (los libros de instrucciones ya son cosa de tipos como Ned Flanders). Uno de sus epígrafes era “La vida con un iMac”. Cristalino. Como la copa de Beatrice Warde: nada que ver con el duralex del PC. La vida pasó a ser otra cosa, en efecto. Una vida sin ruidos, sin más preguntas de las necesarias. Sin mareos. En la que para desinstalar un programa bastaba con tirarlo literalmente a la papelera. Spotlight acababa con la burocracia del Explorador de Windows.
Steve Jobs no inventó nada, piaban a las pocas horas de su muerte. Están sus patentes, pero no solo. Que hable él:

La creatividad es simplemente conectar cosas. Cuando les preguntas a las personas creativas cómo hicieron algo, se sienten un poco culpables porque no lo hicieron realmente, simplemente vieron algo. Les parece obvio solo al cabo de un tiempo. Eso es porque fueron capaces de conectar experiencias que han tenido y de sintetizar cosas nuevas. Y la razón de que fueran capaces de hacerlo es que han tenido más experiencias o han pensado más sobre sus experiencias que otras personas [Wired, febrero de 1996].

La ejecución lo es todo, y las intenciones mero pasto de pusilánimes, cuotas y wannabes. Bien lo sabe Mark Zuckerberg, tan joven: Facebook solo ha contribuido a urbanizar internet.
El iPad es al libro lo que el libro es al papiro. Se trata del camino que va del talento a la excelencia, pocas veces recorrido. “Construimos el Mac para nosotros mismos”, declaró Jobs a Playboy en 1985. Eso es clave. El genio de Jobs surgió de la observación, no del ensimismamiento. De lo primero sale un soberbio smartphone con un único botón. De lo segundo sale algo que intenta parecerse al iPhone. (Lo que ya no soy capaz de imaginarme es de dónde sale la inexplicable BlackBerry.)

El diseño, como decía el propio Jobs, no consiste solo en el aspecto que tienen las cosas. Es, en mayor medida, cómo funcionan; su estructura y su lógica internas. En este sentido creo que nunca se pondera lo suficiente la gran herencia de Jobs, que es la razón por la cual los clientes de Apple, y muchos de sus usuarios, no quieren –no queremos– ni oír hablar de volver al PC. No es simplemente un gusto por las estéticas algo más refrigeradas, sino algo más metódico. Los productos de Apple tienen una única dificultad: es preciso cambiar la mentalidad. Es imprescindible acostumbrarse a operar con menos obstáculos y a no tener que dar rodeos absurdos a capricho de una programación tiránica. A pagar por los servicios prestados y dejar el orgullo del ferretero para mejor causa. Todo ello tiene un impacto sorprendente en las maniobras diarias. Después, ya no resulta tan difícil ver por qué un iPad necesita un puerto USB tanto como un Cristo dos pistolas.

Pero hay algo más que acentúa el sentimiento de pérdida tras la muerte de Steve Jobs. Él defendió enérgicamente la existencia de un target, que es otra de las claves  de nuestro tiempo. Decidió dirigirse a un mercado específico –¡yo también soy mercado!– al que jamás “vendería basura”. Esa decisión guarda una estrecha relación con la urgente necesidad de hacer periódicos digitales para los lectores de periódicos y frenar esta rendición casi horizontal a “la arrogancia de la banalidad que exige ser tenida en cuenta”, que decía Karl Kraus con gran dignidad.


Creo que Steve Jobs no cambió el mundo, como tampoco lo han cambiado las leyes antitabaco. Pero ambos han contribuido profundamente a la evolución de la sociedad mejorando la calidad de vida de sus individuos. Porque las sociedades avanzan con reglas. Paradójicamente, lo más revolucionario que hizo Jobs fue saltarse la regla  de que en internet no había reglas. Y dar la instrucción de diseñar una vida sin instrucciones. ~

Verónica Puertollano.

Publicado en la revista Letras Libres en Noviembre de 2.011.



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lunes, 7 de enero de 2013

Gracias


Quiero empezar el año agradeciendo a las personas que siguen este blog el tiempo y la atención que le dedican. Nunca imaginé que a los cuatro meses de andadura pudiera tener casi cien visitas al publicar un nuevo post. A algunos les parecerá insignificante, pero es bastante más de lo que yo esperaba en tan poco tiempo.

La Casa de las Mil Voces nació para acompañar de una forma personal y cercana a mi página web, que cubrirá el aspecto profesional de mi comunicación, y a la que Ignacio Lledó está dando los últimos retoques. Allí explicaré más detalladamente mi servicio de narradora por encargo.

También estoy contenta con los resultados en este campo. Además últimamente Enalai y Tu escritora Personal se han unido para ofrecer un nuevo producto: Joyas a la carta dedicadas. Y existe en germen  una nueva sinergia interesante para otro proyecto conjunto.

2.012 ha sido un año importante en mi vida. He conocido a gente maravillosa, y he recuperado cosas que el trajín diario había enterrado por completo. Y sobre todo: he abierto los oídos a mi corazón. 

A mi corazón y al corazón de los otros. Agradezco aquí también a las personas que me encargaron transmitir sus emociones y sentimientos, que los regalaron a través de mis palabras. Palabras que no fueron otras que las suyas repartidas a mi estilo. 

En este año que acaba de irse, algo en mis profundidades que clamaba desde hacía mucho, mucho tiempo, ha sido honrado por fin.

Sé de lo mucho que me falta, sé de la hora que marca mi reloj y de cuánto tiempo perdí. Pero eso ya no importa. Estoy en el camino que me corresponde, cansada ya de rutas ajenas o impuestas. Y aunque fuera breve el otoño -¿eso quién lo sabe?-  las hojas caídas nutren el terreno fecundo del hogar. 

Este fue el año de mi Fiat. (*1)


(*1) : Palabra del latín, significa hágase


GRACIAS



Mariaje López. 



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jueves, 3 de enero de 2013

Nada me doliera tanto

























Nada me doliera tanto,
como no haber trazado caminos en tu piel.

Como no haber respirado tu atmósfera,
ni haber bajado a tus simas.

Nada me doliera tanto,
Como no haber nadado en tu orilla,
ni avanzado en tus mareas.

Nada me doliera tanto,
Como expatriar de tu voz mi nombre,
y no abrir fuego en tus manos.

Nada me doliera más
que no haber podido amarte,
que no haberte amado tanto.  


Mariaje López


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