lunes, 27 de mayo de 2013

La esencia de la amistad

Ilustración: Mariaje López



Una de mis mejores amigas reside a 400 Km.de mí. Ella no lo sabe, pero posee el don de la ubicuidad, ya que vive en dos lugares al mismo tiempo: Játiva y mi corazón. 

La llamo Piccolina por cariño y porque es menuda; y sí, también pizpireta es un término que cumple a rajatabla: según el diccionario "viva, pronta y aguda". La conocí cuando ella todavía era estudiante de Imagen y Sonido. Ya entonces era una líder, pero no de las que se suben a la carreta para mandar, sino de las que se ponen en el cabezal del tiro para empujar. Su entusiasmo y su fuerza me conquistaron desde el primer momento. Era, y sigue siendo, definitivamente brillante. Trabajadora y sincera, más incluso de lo que a ella le gustaría, pues ha probado los sinsabores de la transparencia. La he visto crecer, convertirse en la esposa de un hombre noble, inteligente y creativo; en madre de dos niñas increíbles, y en la valiente y maravillosa mujer que es.

Nuestra amistad es de esas que pasan la prueba del tiempo y la distancia; a saber: es irrelevante que apenas hayamos cruzado algún mensaje en varios meses; nos bastan diez minutos para ponernos al día aunque entretanto se hayan caído y levantado mundos enteros a nuestro alrededor. Las circunstancias cambian, y con ellas nosotras y las personas que nos acompañan; a veces radicalmente. Sigue sin importar; nunca nos volvimos desconocidas porque la esencia permanece.

Cambiamos, es verdad, porque es ley de vida, pero eso ya no afecta a la comprensión mutua, a la complicidad, ni por supuesto al cariño. Cuando nos despedimos, sentimos que compartir nos ha hecho bien, que hemos sanado heridas, que a pachas hemos descubierto un nuevo prodigio, que le hemos arrancado a la vida alguno de sus secretos, que hemos añadido otra página al libro de nuestra historia. Una historia en común, justo en ese punto donde lo común empieza a ser extraordinario.

Hay personas que en la autobiografía forman parte de un todo indisoluble. Son referentes de nuestros mapas vitales, de nuestro progreso, de nuestras metas, y para nuestra alma. Son figuras que nos ayudan a descubrir nuestro misterio, a comprender nuestras limitaciones y a valorar nuestros dones. Y que a su vez aprenden de nosotros, porque eso es la verdadera comunión. Crecer, equivocarse y aprender, empezar de nuevo, confiar, respetar. Guardar lealtad a lo vivido, reconocerlo, honrarlo, bendecirlo, alentarlo, y sobre todo, agradecerlo

Ese es el lugar que ocupan mis amigos, y del que nunca serán movidos aunque vivan en Tombuctú, Patagonia o Játiva

 
 Mariaje López.

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6 comentarios:

  1. Si los amigos ocupan un lugar en ti buen territorio han pillado, pero veo que esta amiga amiga se lo merece. Leyendo tu cálido post me acordé de un caso vivido, una persona que se empeñaba en ser amigo sin que hubiese el sustrato necesario. En una ocasión me dijo: "Antonio, la amistad es como las plantas, hay que regarla todos los días", y le respondí, "bueno, el cactus es una planta y resiste mucho tiempo sin agua", eso sí, cuando llega bienvenida es, vamos, que en tu relación se caen y se levantan mundos enteros sin veros pero los diez minutos dan para comprobar lo fuertes y sanas que están vuestras raices. Me encantó "lo común empieza a ser extraordinario", bingo, hay gente que odia la rutina, lo común. Un rio también lo es y fíjate la vida que crea a su alrededor. Gracias.

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    1. A mí también me ha pasado de eso que dices. Una vez una mujer con quien yo no tenía nada en común me vaticino: Tú y yo vamos a ser amigas. Lo adivinaste, nunca lo fuimos. Estas cosas no pueden forzarse. Para eso ya están las alambradas.

      Oye, qué bien traido lo del cactus. Te citaré cuando convenga, con tu permiso. Gracias a tí, por leerme, y dejarme estos comentarios tan estupendos.

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  2. ¡Hermoso canto a la amistad....cuando esta es genuina nos convierte en seres atemporales e inmortales!Conozco Xativa,capital de La Costera valenciana....estupenda ciudad,aunque hace mucho calor en verano y por eso a sus vecinos les llaman socarrats.¡Un placer leerte Mariaje!

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    1. Osvaldo, esta amiga de que hablo se casó en el Castillo. Seguro que te sabes el sitio. No veas qué paellas hace su suegra. Las mejores que he probado en mi vida.

      Gracias por la visita.

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  3. Anónimo30/5/13 1:22

    Mariaje, muchas gracias por tu post. Nunca pensé ser la protagonista de él, pero mira tú por donde, nuevamente, me equivoqué. Te agradezco muchísimo todo lo que dices en él, pero se te olvida decir que en muchas ocasiones, las personas somos grandes gracias a aquellos que nos rodean. En mi caso, me siento la persona más afortunada del mundo porque tengo un pequeño puñado de seres queridos que me hacen grande... Te debo un mail, te lo dije, allí te contaré más cosas. Por aquí, sólo esto, agradecerte el post y tu amistad incondicional, el mejor regalo que me has podido hacer en la vida.

    Y ahora, sólo un apunte al comentario de Osvaldo (lo sé, no debería, pero esto también está en mi esencia). Según mi humilde opinión, Osvaldo, a los xativenses se les llama socarrats porque la ciudad fue quemada por dos veces en tiempos de Felipe V. De hecho, es famoso el retrato de este monarca, que puede contemplarse en el Museo de l’Almodí, porque está colgado boca abajo. Según narra la historia, en la guerra de sucesión española la zona del Levante, y más concretamente Xátiva, apoyó de forma clara al archiduque Carlos (de la casa de los Austrias), mientras que Castilla hacía lo propio con Felipe V de Borbón. Finalmente venció éste en la batalla de Almansa (por aquí hay también un dicho al respecto), y el monarca se encargó de someter de manera durísima la ciudad: abolió sus fueros y Xátiva sufrió el saqueo y la destrucción y finalmente fue arrasada en llamas. Desde ese momento, Felipe V se convirtió en persona "non grata" para la ciudad y de ahí que su retrato cuelgue boca abajo.

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    1. Gracias por el apunte histórico, que viene bien recordarlo, pues ya te lo había oído contar y he visto el retrato invertido. Es muy bueno el detalle. Osvaldo creo, tiene familia en Valencia, y supongo que le habrán dado ellos esa información un tanto desviada. Le encantará conocer la versión auténtica, es hombre culto, sensible y encantador.

      Gracias a tí, por tu amistad, que también ha sido incondicional. Si te fijas detenidamente, sí que digo lo que dices, que si somos grandes es con la ayuda de los que nos rodean, (también si somos pequeños, por desgracia, ayudan algunos) pero lo otro puede leerse aquí:

      "Hay personas que en la autobiografía forman parte de un todo indisoluble. Son referentes de nuestros mapas vitales, de nuestro progreso, de nuestras metas, y para nuestra alma. Son figuras que nos ayudan a descubrir nuestro misterio, a comprender nuestras limitaciones y a valorar nuestros dones. Y que a su vez aprenden de nosotros, porque eso es la verdadera comunión".

      Un abrazo, Piccolina.

      Un amor.

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