lunes, 17 de junio de 2013

Una amistad ciertamente flamígera.


Un hombre estaba sentado frente a una hoguera. Absorto en la contemplación de las llamas, que se le antojaban bellas danzarinas ataviadas con velos, creyó escuchar que éstas le hablaban.

- ¡Acércate un poco más!

El hombre se asustó, y aunque la seducción del fuego era poderosa, desconfiaba de sus intenciones. Las llamas, redoblando sus saltos y evoluciones insistían.

- ¡Acércate un poco más, que no te pasará nada, tócame y podremos ser amigos! -clamó el fuego.

- Si te toco me quemarás.

- Si no me temes, no sufrirás ningún daño.

Tal era el carisma de la flama, que venció las resistencias del hombre, y éste se acercó despacio hasta tocar con sus dedos las cabezas de las hermosas bailarinas ardientes. Y como el fuego le había prometido, no sufrió ninguna quemadura. Desde ese momento el hombre y el fuego se hicieron amigos, y la hoguera siempre permanecía encendida ante la puerta de la casa.

Un día llegaron unos parientes de visita, y como hacía frío, se sentaron todos en torno a las llamas. Comieron y bebieron, y contaron las nuevas historias acumuladas desde la última vez. Cuando le tocó el turno al dueño de la casa, relató lo concerniente a su amistad con el fuego. Pero sus parientes no le tomaron en serio, y se reían de él.

El hombre terminó enfadándose, y lleno de soberbia dijo:

- De manera que me tomáis por loco... ¡Ahora lo veréis!

Envanecido, se puso en el centro de la hoguera, diciendo:

- Ahora, ¿quién es el que ríe?

No había terminado de decir esto cuando, repentinamente, el fuego le cubrió por completo y lo devoró.


 Mariaje López.

¿Qué sentido otorgas tú a este cuento? Pues ten por cierto que el fuego habla distinto para cada uno, y si bien es amigo del progreso, es implacable con ciertas cosas




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4 comentarios:

  1. La soberbia es combustible. Arde. Es incompatible con el calor de la amistad sincera. Nadie es más que el fuego, nunca se puede perder el respeto. Gracias, muy bueno.

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    1. Muy buena conclusión, pensador. Gracias por el googleplús,:-)

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  2. Cómo me ha gustado el relato de hoy. Partiendo de la base de que el fuego para mí tiene mucho de mágico y poderoso, le hago otra lectura a tenor de un mal trago vivido esta mañana con una mamá de la clase de Lúa. Yo interpreto esto como Tucho, como una alegoría de la soberbia y el envanecimiento necio de mucha gente, pero también como esa persona que se acerca a ti de buenos modos, con nobles intenciones, entregándose sin tapujos y buscando tu confianza y luego, una vez conseguido su objetivo, se revuelve contra ti y te asfixia totalmente. Vamos, lo que vulgarmente se conoce como el lobo con piel de cordero...

    Ni que decir tengo que perdí los papeles por completo y convertí mi victoria moral en una de las mayores derrotas personales a lo largo de mi vida. ¿Cuándo controlaré mi carácter, Señor? Así no hay quien pueda!!!

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    1. Me alegra que lo hayas disfrutado, Piccolina.

      Se ve que has sufrido una decepción, y si la persona que dices había obrado injustamente, la cólera está más que justificada. No la controles cuando el momento le pertenece. Aristóteles decía que había que "Aplicar la ira a la persona adecuada, en el momento adecuado, con el propósito justo y de la forma correcta". Pero aplicarla.

      Un abrazo, amiga.

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