lunes, 5 de agosto de 2013

Cuando mis ojos me miran


Foto: Mariaje López

Se han citado esta noche, la más corta del año, para mirarse de frente y decirse adiós. Ella albina como una perla planetaria sobre el monte; él raudo a ocultarse en las cimas de poniente, con sus sienes rubicundas laureoladas de púrpura.

La playa es una franja de gris infinito, desierta, repartiendo caricias blancas y efímeras con su largo brazo. ¿Dije desierta? No del todo. Hay una mujer vestida con un sari bermellón y oro quieta en la orilla, dejando que el agua moje sus pies. Algo alejada, estoy yo observándola.

Su pelo largo y oscuro cabalga un cielo que se apaga lentamente. Me mira. La examino. Su gesto imperturbable muestra señorío. Es un rostro sosegado y pacífico, docto, sin edad. Diríase de una edad que contiene a todas en su centro. Su mirada se dilata en el túnel de los siglos, y su piel exhala el aroma de una flor curtida en el silencio de muchos días. 

Me acerco a pasos tranquilos, pasos llenos de preguntas viejas, curiosamente absorta. Sé que ella y yo somos la misma cosa. Y que ella sabe todo cuanto necesito. 

-Desecha el artificio -me dice afablemente.

Y luego me pregunta:

-¿Por qué lo haces?
-Porque temo perder aquello que amo -respondo confundida.
-En verdad nada necesitas más... que a ti misma

Rompen en mi frente las olas de su frase,  y a su voz se añade un dulce reproche:

Siente!

Me invita a fundirme en ella. Disuelvo en su centro mi materia y la transparencia que adquiere el mundo tras sus ventanas me sobrecoge. Escucho la música de todo lo que existe. En mis venas late el pulso de la Vida, y la agitación sombría del alma  sólo puede mirarme desde lejos. Ella traza el signo del silencio en sus labios:

-Calla. Mira. ¿Qué ves?

Donde se acaba la arena hay una carretera. Y allí dos personas; cada una mirando el horizonte que su alma ansía. 

-Veo una mujer -afirmo. 
-No la juzgues. Mira solamente. 
-Veo también un hombre. Es el que amo. 

Mirando con sus ojos hallo más belleza de la que pensaba. Fluyo en un silencio que me canta al oído sin quebrarse. Surgen ráfagas dispares e incansables de gaviotas entre el sol y las montañas, primero como ínfimos puntos negros en la distancia, y luego creciéndoles alas expertas en los costados mientras se acercan. Un frío balsámico de espuma salada unge mis piernas y mis ropas. Las palabras se empujan en tropel.

-Calla... calla... -me repite la sabia quedamente-. Escúchalo todo. Penetra en la simplicidad de las cosas

Vuelvo a mi cuerpo hecho de tiempo, pues la mujer eterna ha de marcharse. 

-¿Podré volver más veces? -pregunto ilusionada.
-Cuantas más veces vengas más aprenderás. 

Se pierde mar adentro sin hundirse, con el sari brillante y vaporoso inflamado por la brisa, como las velas de una agilísima embarcación. Ágil y robusta al mismo tiempo. Hermosa sobre el azul, pura como la Verdad. La luna reina con su palidez metálica, con su rubor de plata encendido en la mejilla que le ha besado el sol al despedirse.

Yo podría llorar toda la noche de pura dicha. 

Sé que mañana no seré la misma que he sido ayer. Pues me he acercado a Ítaca lo suficiente para saber qué ocurre cuando mis ojos me miran.


Mariaje López

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4 comentarios:

  1. Qué bello reencuentro entre la mujer y ella misma. Gracias Mariaje por hacernos pensar, sentir... Y la foto es una pasada, dónde es?

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    1. Arancha, es Almería, la noche de San Juan, que estaba la luna así de hermosa, cuando todavía el sol no se había puesto. Mirábamos hacia un lado y veíamos la estrella, y hacia el otro, y estaba la luna tan radiante. Fue una pasada que luego me sirvió para una meditación. Un abrazo enorme, y gracias a ti, por ayudarnos a aprender y con ello, ser mejores

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  2. Bueno, Arancha me lo ha facilitado todo (por cierto, he de bucear en su blog, que resulta apetitoso) así que la copio y me sumo. Añado que cuando leo post de este tipo, del tuyo, me siento una bestia con lo mío, lo cual no deja de agradarme por resultar tu la bella.

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    1. Sí que es interesante su blog, por eso lo tengo enlazado. Querida bestia, je je, gracias por la parte que me toca en el cuento. Pero haces falta, como sabes. ;-)

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