jueves, 26 de marzo de 2015

El interesante caso del ferrocarril que desapareció durante una hora.





Los raíles del ferrocarril dejaban asomar su negro esqueleto, de costillas planas, por las orillas redondeadas de una nieve que, lagrimosa, se despedía lentamente de un sol imbatible. En la estación de Indolence había un poco más de gente de lo normal, pues se congregaba allí un nutrido grupo de excursionistas, que pretendían pasar aquel día festivo en los museos y bares de la vecina ciudad de Caosland. 

De vez en cuando un viajero se acercaba al borde del andén, y estiraba el cuello para escrutar los cuatro pares de nervios que sobresalían de la nieve, perdiéndose, cada vez más juntos, en la lejanía impoluta del inmenso valle. Luego el curioso volvía al grupo, frotándose las manos al calor vaporoso de su aliento. 

-¡Parece que viene con retraso!
-Con esta nevada, no es extraño -respondió alguien. 

lunes, 16 de marzo de 2015

La exclusiva de Salvador.


La exclusiva del Asesino. Foto de portada: Maibi Marisa Bilbao. 



Si buscas en una librería la novela de Salvador Robles Miras, "La exclusiva del asesino", puede que la encuentres en la sección de novela negra. Una observación atenta te revelará quizá que no se siente muy cómoda en su estante; la pupila de su caracol vigilará con inquietud peregrina la sección vecina de filosofía. 

Está donde está porque esconde un crimen pronto al destape, y policías que seguirán pistas falsas que darán de remate con las verdaderas. Pero el asesinato es sólo una excusa para contarte otras cosas, esas tan difíciles de rastrear, o más, que las huellas de un opaco crimen

lunes, 9 de marzo de 2015

Rencores y Catarsis.






Hoy ha sido un día extraño: hoy se me ha caído el rencor. 

Para mí ha sido un misterio, porque llevaba años persiguiéndolo. Ahora sé que no lo intentaba de veras porque creía, sin asumirlo, que el rencor era un escudo. Me acuerdo de un sabio que decía algo así como que de poco sirve el esfuerzo para desterrar creencias, ya que éstas se disuelven solas en la comprensión. 

Comprender es más que saber; es ir más allá de la consonancia intelectual. La consonancia intelectual sabe que fumar es perjudicial para la salud, por ejemplo. Sabe, pero no comprende el total alcance y sigue fiel a su conducta viciada. Pero si además de saber comprende, deja el cigarrillo sin ningún esfuerzo, es como si se le cayera de la mano inadvertidamente; conozco un par de casos que sirven de ejemplo a lo que digo. El sabio al que me refería era Krishnamurti; y tenía razón.