lunes, 1 de agosto de 2016

El mundo de la línea infinita: Unidad (Extracto)


Te dejo aquí un extracto de otro libro pendiente de publicación, del que no te he hablado todavía, y que aguarda los últimos retoques de la ilustradora Marta Virseda. Se titula El mundo de la línea infinita, es para niños; y quizá no tan niños con su anhelo intacto. 

Nota: la actual ilustración no es de Marta, sino una imagen libre de internet. 





Amanece en el mundo de la línea infinita. El sombrero cantor duerme tranquilo entre los rizos de una niña rubia, cuando toca sus plumas el primer rayo de sol. Abre los ojos despacio, se estremece un instante y respira hondo, ensanchando el diminuto vientre azul. En sus pupilas aun tiemblan las estrellas, y en su garganta vibra la música del universo.

La niña se despereza, y la línea que lo mantiene todo unido se echa a volar de repente, cual cometa. Inicia su ritual de formas, baila en círculos, esculpe montañas, destapa volcanes y se enrosca en un muelle con ínfulas de caracol gigante. A veces se pone muy formal a base de aristas; pero enseguida se cansa y vuelve a rizarse, a bailar, a peinarse las curvas, lamiéndose la cola como un gato, una cola sin principio ni fin lógicamente. Diríase perdida en un laberinto de nudos, de piruetas locas, bosquejando a su paso figuras, y enhebrándolas en un trazo incansable: elefantes, serpientes, guitarras, corazones, flores, mariposas, triángulos, lazos, arroyos, cangrejos, lagos… y cuando ya de puro entusiasmo no sabe qué más hacer, se inventa criaturas nuevas: rupiantas, zaflos, sarmas, celindras, cantuerzos, palindustres, macunfas y dumiolas. Así todos los días. Incluso escribe signos, letras que forman palabras, y palabras que cuentan historias en el lenguaje atávico del mundo continuo.

Le chifla pintar cosas mágicas, como ese sombrero azul de la chiquilla, y en el sombrero azul, un pico, y en el pico una garganta que canta al alba y al atardecer. A menudo la línea se ramifica como un árbol espléndido, y es asombroso verlo, conquistando altura, alargándose y floreciendo, enmarañando el cielo con sus fornidos brazos, a un tris de ocultar el sol. Un sol que, como lo demás, gravita plácidamente enredado en la cuerda elástica que unifica todo. Unido no quiere decir revuelto, pues aquí cada cual tiene el espacio que necesita y le corresponde por derecho. Eso es auténtico orden, y lo demás son engañifas. Si alguna vez algo o alguien precisa de más anchura, la línea cede y vuelve a ceder hasta que todo encuentra su acomodo, y jamás nadie se molesta por eso. Lo portentoso es que por mucho que la línea se estire nunca llega a romperse, porque todo cuanto abarca lo convierte en una misma cosa; y las cosas de una sola pieza no suelen romperse como las demás.
El mundo de la línea infinita. (Mariaje López y Marta Virseda)
Gracias por cada vez que me dices algo antes de irte. Gracias por tu tiempo, y si además compartes, me ayudas a avanzar.




4 comentarios:

  1. Que bonito eso de abrir solo las ventanas y las puerta que dan al jardín y cual niña deseosa de descubrir hasta la más mínima brizna de yerba danzar y girar en esa línea de giros y piruetas, ojos, ávidos de nuevos colores, nuevos olores, degustar y tocar, ..... a eso lo llamo, vivir!! Gracias por dejarme entrar un poquito por esa ventana.

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    1. Gracias a ti por asomarte, y me alegra mucho que lo disfrutes. Un abrazo.

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  2. Me encantaría ser esa niña y tener ese poder de imaginación. Ahora, lo mejor es esa línea infinita que nunca se rompe y se amolda a las necesidades. Es genial tu cuento para mayores también!!

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    1. Me lo han dicho ya algunos así que lo doy por bueno que sea también para mayores. A lo mejor resulta que nos ha salido más para mayores que para niños. :) Un abrazote.

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