lunes, 8 de agosto de 2016

El mundo de la línea infinita: Separación (Extracto)

Segundo extracto de El mundo de la línea infinita, una pieza que consta de seis historias entrelazadas. Te ofrecí el primer corte la semana pasada, aquí.

Nota: Las imágenes no son las de Marta Virseda, pues ella no las ha terminado aún.





Luz y oscuridad… oscuridad y luz; cuando nunca se abren los ojos apenas hay diferencia.

Se movía despacio envuelta en la negrura, mas no experimentaba ningún miedo. Jamás vino nadie a molestarla, y si alguien lo intentó, ni llegó a enterarse; bastante tenía con navegar los sueños flotando en la penumbra de su mar tranquilo.

A veces chocaba en las paredes de la casa sumergida, blandamente, sin sufrir daño, y el forzado contacto resultaba placentero. Ignoraba lo que había al otro lado, aunque intuía que todo un mundo, porque desde tiempo atrás escuchaba ruidos enigmáticos. Unos le gustaban más que otros: eran tan fuertes que la hacían temblar, o tan suaves que le daban sueño. Aparte de esto, únicamente le incomodaba la falta de espacio; como si algo alrededor de una voracidad extraña se lo estuviera tragando. La casita encogía, o ella aumentaba; y le daba muchas vueltas al asunto, pero no hallaba una explicación lo bastante satisfactoria. Cuanto más lo investigaba menos lo entendía, lo que a menudo la colmaba de impaciencia; entonces optaba por desahogarse con una pataleta. Durante el trance, era frecuente que le llegara del exterior un bello sonido, como no había otro igual. Era un rumor dulce, una voz que la aquietaba por entero, y hasta se dormía si la escuchaba el tiempo suficiente. “¡Qué gran misterio!”, se decía justo antes de perderse en el sueño, mientras la voz repetía palabras ininteligibles que sonaban más bonitas que la música… mucho más. Y eso que la música era uno de sus ruidos preferidos. Por algo tenía toda una orquesta allí dentro. Debía estar formada por músicos diminutos, incluso microscópicos, porque no quedaba apenas sitio, y menos para una orquesta entera. Además no descansaban nunca; especialmente el que marcaba el ritmo a los otros. Escuchaba su tamborileo grave y ronco: bun-búm… bun-búm… bun-búm… y también un eco, muy suave: tun-túm… tun-túm… Estaba segura de que dicho eco provenía de otro musiquillo casi invisible, que se había escondido en alguna parte de su pecho, porque lo sentía como si le retumbase allí dentro.

El mundo de la línea infinita. (Mariaje López y Marta Virseda).

Gracias por cada vez que me dices algo antes de irte. Gracias por tu tiempo, y si además compartes, me ayudas a avanzar.

Licencia Creative Commons Tu  escritora personal por Mariaje  López se encuentra bajo una Licencia  Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0  .

6 comentarios:

  1. Anónimo8/8/16 10:17

    cuanta belleza y ternura en esas palabras....uno de los relatos que guardo con más cariño e ideal por el momento recientemente vivido...solo una preciosa persona como tú puede escribir algo así. Llegarás donde tú quieras llegar. muchos cariñitos!!

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    1. Gracias querido "anónimo" no tan anónima. Creo que no me equivocaría mucho en barruntar quién eres. Un abrazo grande.

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  2. Que bien describes los sonidos dentro de ese " placentero lugar " que misterio hay, que sensaciones cuando te encuentras cara a cara por primera vez .... abrazos!

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    1. Es quizá la historia más tierna del libro, aquí solo aparece el comienzo.
      Un abrazo.

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    2. Me has trasladado dulce y tiernamente a ese mundo feliz. No recordamos, pero seguro que habría muchos malos momentos y sobretodo el nacimiento. Me quedó el gusto por la música que seguro que ya oía desde ese otro mundo. Un beso. ; )

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    3. Carmen,qué gozada. Seguro que te trajiste esa música a la vida, por lo dulce que eres.

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