viernes, 19 de mayo de 2017

Prólogo: El delantero centro se niega a jugar.



Cubiertas de El delantero centro se niega a jugar, de Salvador Robles Miras, M.A.R. Editor.





Prólogo de la novela El delantero centro se niega a jugar, de Salvador Robles. 


¿Quién eres tú? 
¿Quién soy yo? 
¿Quién de nosotros aguantará ante el otro con la mirada firme, en tanto que el edificio de nuestras vidas se desmorona? 
¿Quién podrá soportar esta exhibición sin percibir al menos un ligero temblor? 

Nunca es el espejo el que miente, y por eso arriesga tanto quien lo mira. Su mirada fría refleja una llama que no entiende; no hay nada más aterrador. Miradas que nos desnudan y rasgan. 

A la mirada sigue una elección, porque siempre estamos eligiendo: en lo elevado y en lo abismal. Somos el resultado de lo que decidimos. Nuestras vidas son nuestras decisiones, varadas en la tensión constante entre el orden y el caos, entre la victoria que mata el orden y la derrota que vence al caos. 
Muchos eligen lo primero, y algunos pocos, lo más difícil. 

...

Cuando Salvador Robles me comentó que la tercera novela de la trilogía de Telmo Corrales estaría ambientada en el mundo futbolístico —soy ajena a la materia, y por ello la menos indicada para escribir el prólogo; mas ¿cómo negar al maestro ese capricho?—, pensé que la última me gustaría menos, por su temática, que las dos obras anteriores de la trilogía. Me equivocaba: El delantero centro se niega a jugar, es, para mi gusto, la mejor de las tres. 

Al argumento sin fisuras, redondo, se acoplan con exactitud unos personajes creados con profundidad y esmero, desprotegida su intimidad ante el lector, para que su ventana sin fondo nos sirva de espejo, circunstancia en la que debe incurrir todo personaje dramático que se precie. A los lectores de la trilogía les satisfará el encuentro con los veteranos, los que los conozcan por primera vez llegarán a desentrañarlos por completo, pero se perderán un poco de su desarrollo, porque en este ¿último? trayecto, han madurado, son si cabe, más de carne todavía. Esto en cuanto a los personajes principales, pero algo similar ocurre con los secundarios, unos ya curtidos y otros de estreno. Pocos escritores miman tanto a sus secundarios como lo hace Salvador. Intuimos que lo sabe todo de ellos, aunque nos cuente muy poco, en bocados de sabor intenso, en trazos que definen la totalidad del cuadro, que le dan la nota distintiva. Esos secundarios de lujo que son el inequívoco matiz salvadoreño. Eso y la elegancia en combinar los extremos, son una constante de su literatura. 

Y volviendo al fútbol: siempre me he preguntado el porqué de una afición que, como en el caso de los adeptos a un partido político, sin importar cuál, no sanciona la corrupción de ese balompié de élite, tamaña fuente de escándalos. ¿Cómo es posible que se aplauda a jugadores multimillonarios que evaden impuestos, o se jalee a un futbolista que ha empleado la violencia machista contra su pareja? ¿Importa más el número de goles que todo eso? 

El delantero centro se niega a jugar remueve la basura del deporte estrella, pero es también una alabanza al buen espíritu deportivo, a sus raíces nobles y democráticas, ya que para practicarlo no es menester invertir en caros equipamientos. Bastan un balón y unas cuantas piernas. La novela es un homenaje también al afán de superación, característica que nos hace humanos por excelencia. 

Desde su portentosa primera página, hasta la última, esta obra nos llena de emoción: unas veces para disgusto, y otras para regocijo. Quizá novela negra, pero no solamente, en virtud de su corte filosófico y por tanto, inquisitivo; de su prosa nutrida y profundamente humana que nos muestra su pericia en el retrato de la crueldad y de la ternura; una prosa como nosotros mismos, como nuestras vidas, y una historia oscura como nuestros miedos y luminosa como nuestros sueños. Y sí, una esperanza, a pesar de todo, grande y palpitante como nuestro amor.

Mariaje López. 
Escritora, autora de la novela Beatricia.

4 comentarios:

  1. Hay un perfume en tu prólogo, en la novela y en sus autores con el que me identifico.

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    1. No me extraña lo que dices, filósofo.

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  2. Gracias, querida Mariaje, por prologar mi novela y por estar siempre al otro lado, apoyando a este autor vocacional. Para mí es un honor tenerte como compañera en este apasionante viaje al corazón del lector

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    1. Gracias a ti siempre maestro. Eres un gran compañero de letras y de amistad.

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