domingo, 10 de noviembre de 2013

Cuaderno de Perú (6): La ciudad de las mujeres.







Arequipa, año 1.647 de Nuestro Señor. Convento Dominico de Santa Catalina de Siena.


A la atención del futuro lector que casualmente se encontrare esta carta. 

Ave María Purísima

Mi nombre es Sor Ana de los Ángeles, pero importa poco. Tengo necesidad, sólo por hoy, de contarle lo que me pasa a alguien más que a Dios. Sé que está conmigo siempre, pero no siempre tengo la seguridad de que me escucha. Soy ingrata para con su amor, y a veces más débil de lo que me gustaría. Por eso esta carta, para espantar esta soledad que muerde cuando el cielo calla.

El obispo de Arequipa ha puesto empeño en que se me nombre priora de nuestra casa. Tengo 41 años cumplidos y muchas penitencias a mi espalda. No deseaba el cargo; una pecadora como yo... y conociendo el estado de cosas en el diario de la clausura. Pero él insistió en que el Señor me requería, ¡pobre de mi! Traer orden al convento, atajar el caos espiritual que se ha instalado entre nosotras. Al final cedí. 

No lo tendré fácil; he tenido una visión de lo que me espera. Pasar de la penitencia y la austeridad a una vida de mayor holgura es fácil, pero a la contra se oponen muchas resistencias. Mis hijas, orquestadas por las viudas burguesas, tratarán de envenenarme hasta tres veces, y sin pensarlo alegrarán al diablo con la infidelidad a sus votos. Dios ayude a la priora de Santa Catalina, ya que ha dispuesto que yo lo sea, por más que indigna, la que haya de advertir a mis hermanas.

¡Quién se alcanzara a imaginarlo cuando en brazos de mi padre, llegué acá, con tan sólo tres añitos. Me he criado entre estos muros, como las otras muchachas de buena familia que ingresan, no para tomar el hábito, sino para ser educadas en las labores propias de una dama, en la música y en la fe, para que sean unas buenas esposas cristianas. Haber estado en Santa Catalina aumenta la consideración que de ellas se tiene al solicitar su mano. 

Cuando a los catorce años me llegó a mí el turno de matrimonio, me prometieron a un joven de alcurnia, pero escapé de la casa paterna y regresé al convento; yo había decidido entregarme solamente a Jesucristo, y para siempre. Mi padre se enfureció, no se avino a consentir, y me negó el dinero de la dote, que era condición necesaria para el ingreso en Santa Catalina. Tengo un hermano presbítero, y logré convencerle de mi sincera vocación. Él reunió los mil pesos de plata requeridos para mi admisión como novicia.




El convento lo fundó Doña María de Guzmán, una española muy guapa que a los treinta años quedó viuda y rica. Cedió a la obra todo su patrimonio. En teoría sólo se admiten novicias de familias ricas, aunque si fuera muy probada la vocación de alguna sin posibles, el obispado aporta la dote. Suelen ser mestizas y criollas, incluso hay hijas de curacas, o caciques, como los llaman los españoles. Traen sus esclavas, a veces muy niñas, y se encierran con ellas de por vida tras estos muros de sillar que nos separan del mundo

La nuestra es una auténtica ciudad dentro de Arequipa. Más de 20.000 metros cuadrados donde sólo viven mujeres. Aquí moran ahora más de 300 almas entre monjas, legas, donadas, novicias, educandas, criadas personales y esclavas. Algunas religiosas llevan una vida de ascetismo y santidad, pero otras se comportan como cortesanas, descuidando la observancia de la regla de un modo que no puede agradar a Dios. 






Los terremotos tuvieron mucha culpa de lo que pasa, aunque no toda. Era el año 1.600... me lo han contado muchas veces: se conjugaron muchas desgracias ese día. Las lluvias habían sido constantes y copiosas durante tres semanas, y cuando cesaron, comenzaron los temblores; hubo un día en el que se contabilizaron doscientos. Aquella noche las gentes se acostaron con el alma en vilo. A la mañana siguiente, serían las once, hubo un gran seismo. Quedaron destruidas muchas instalaciones del convento. A la una de la tarde un segundo terremoto arrasó lo poco que había quedado en pie. Esa misma tarde a las cinco, a 60 Km de Arequipa, estalló el volcán Huaynaputina en una de las erupciones más grandes de la historia. Las ascuas sumergieron la región en una noche que duró diez dias. Hubo barcos en alta mar que quedaron cubiertos de cenizas. El año siguiente fue el más frío que se recordaba en seis siglos.

Con el monasterio en ruinas y sin fondos para la reconstrucción, las familias de las monjas fueron haciendo nuevas celdas -a su manera-, como casitas individuales para alojar a sus hermanas, hijas y sobrinas. Terreno había de sobra. Cada casa tiene su patio, su cocina y azotea. Como en el monasterio hay religiosas de la misma familia, comparten la vivienda añadiendo camas y habitaciones. 

Tres son lo elementos indispensables y comunes a todas las construcciones: las hornacinas para almacenaje de enseres y ropa, el oratorio con su pequeño altar, y un arco de medio punto empotrado que sirve de protección a la cama en caso de terremoto. Hay algunos corralitos donde se crian gallinas, conejos y  cuyes. Otras adornan sus salitas con valiosos cuadros y costosos muebles que trajeron como parte de su dote. No faltan instrumentos musicales. En Santa Catalina apreciamos mucho la música. Si alguna mujer pobre entiende de partituras se pasa por alto la ausencia de dote y se la admite. La música es la oración más bella y sé que es muy bien recibida en el cielo.









De izda a dcha: 1-Estufa. 2-Lavadora. 3-Corralito de cuyes: en Perú hay muchas recetas confeccionadas a base de este conejillo de indias.






De izda a dcha: 1-Ajuar. 2-Lavadero común. 3-Filtrador de agua: la ignimbrita es tan porosa que permite el filtrado perfecto del agua depositada en la vasija superior, que gotea lentamente en el recipiente inferior.


La cama, siempre bajo el arco para los terremotos
Un maniquí al fondo haciendo las veces de novicia.
Cocina
Horno




























A decir verdad, también el hecho de acoger a huérfanas y viudas deseosas de preservar su buen nombre, pero sin ninguna gana de renunciar a sus privilegios ni sus placeres mundanos, han terminado por contagiar a las monjas, que han ido diluyendo sus prácticas piadosas a tal punto, que ya lucen bordados en sus hábitos y despiden aromas de perfumes caros. 

A veces nos dejan en el torno criaturas recién nacidas que no podemos rechazar. No tienen culpa de nada, y somos su única oportunidad. Hay que hacer muchos dulces y otros trabajos para que no falte lo necesario. Las dote que aporta cada monja sólo alcanza a sustentarla a ella misma los diez primeros años. 


Patio de una casa en la ciudadela.
Va a costarme sangre encauzar a mis hermanas, pero Dios me ha prometido su asistencia compasiva, y la victoria.  Las novicias al menos, no me preocupan. Ellas están separadas y llevan una vida austera. Todo cambia al tomar el hábito. A las otras, por más que no deba consentirlas por el bien de sus almas, puedo muy bien entender sus debilidades.

Realmente nuestra ciudadela es deliciosa. Sus plazas son armoniosas, sus calles recoletas y del color de la tierra cobriza, sus patios floridos y sus claustros hermosos, bañados en  añil. Me gustan sus colores, el siena, el azul, los delicados amarillos  de los interiores, el blanco luminoso del sillar desnudo, las pinturas murales que nos recuerdan los misterios divinos, el aleteo invisible de los minúsculos colibrís, el sol bendiciéndolo todo... y el silencio.





Colibrí en el Claustro de los Naranjos.


Los fines de semana hay mercadillo de trueque en nuestra linda placita de Zocodover. La interna que tiene gallinas cambia sus huevos por patatas, la tejedora diestra consigue dulces a cambio de alguna artística labor, y así cambian de mano las cosas más variadas: conejos, jabones, verduras, telas, perfumes, libros, cacharros, hilos, tartas... de todo hay un poco y todo resulta apetecible.



Plaza de Zocodover - Convento de Santa Catalina - Arequipa.



Aquí nos despedimos, lector futuro. Me voy a mi retiro antes de que toquen a Vísperas. Esa oración tiene que ver con la esperanza de volver a ver la luz; y también con la tarea que me ha sido encomendada. No sé cómo llegará a ti este retazo de mi pensamiento, pero sé que ha de llegarte en algún momento por vías que desconozco. 

Prosigue a tu aire el paseo, piérdete en las callecitas con nombres de ciudades españolas: Granada, Burgos, Sevilla, Córdoba, Toledo, Málaga. Hay más de cien viviendas, seis calles -alguna bastante larga-,  y tres plazas...disfruta de la luz de los patios, de los árboles y los pájaros. Hazlo con reverencia si te place, deleítate  en el bondadoso abrazo del creador. Yo me quedo aquí, en mi celda, en mi ciudad de mujeres, hasta que el Padre decida llevarme, por fin, a su presencia, espero que con la calma de mi labor cumplida.

Confío en que no te hayan pesado mis confidencias, me encuentras en un momento difícil. Te abrazo en la caridad de Dios, que Él te guarde y te bendiga:




Sor Ana de los Ángeles.
Priora del Convento de Santa Catalina de Siena - Arequipa - Año 1.567.



Cementerio de la ciudadela.










Calle Córdoba - Convento de Santa Catalina - Arequipa.


Casas - Convento de Santa Catalina - Arequipa.




Árbol de la palta - (Aguacate) - Convento de Santa Catalina
Acequias en la calle Burgos



Claustro de los Naranjos
Otros datos:

Sor Ana de los Ángeles fue beatificada por Juan Pablo II durante su visita a Perú. Las monjas catalinas han pedido su canonización

Después de su muerte las religiosas comenzaron un proceso de depuración para volver a la esencia de su regla de clausura. Pusieron todos sus bienes en común, y abolieron la esclavitud en la ciudadela anticipándose al mundo exterior. En Francia por ejemplo la esclavitud no fue abolida hasta 1.851, y en Perú aún más tarde, en 1.854. Crearon una escuela gratuita para niñas pobres. Actualmente hay unas 40 monjas que residen en una parte modernizada del monasterio. El resto fue abierto al público en medio de una gran expectación, el año 1970. Todo el mundo sentía una gran curiosidad por conocer lo que había dentro de la fortaleza. 

Flora Tristán se refugió allí 6 días durante la guerra civil que enfrentaban a Gamarra y Orbegoso, en abril de 1.834. Relata su estancia en Santa Catalina en su obra Peregrinaciones de una paria.

Te dejo un recorrido audiovisual por si quieres saber más cosas de este singular convento. A mí me fascinó su historia tanto, que pienso seguir investigando. 











Mariaje López.


Si lo deseas, puedes dejar un comentario. 


2 comentarios:

  1. Sor Ana, me complace mucho comunicarle que sus confidencias, lejos de resultarme pesadas, hay sido muy placenteras. No puede usted imaginar, hermana, el legado que ha dejado. Me agradaría que pudiera verlo ahora. Si le digo que un servidor, desde su humilde morada, sentado en una butaca, sin moverse, ha podido deleitarse con su carta, con su obra, pasear por los claustros y conocer la ciudadela, tengo por seguro que me tendría por loco. Le cuento esto desde una época muy posterior a la suya, en la que una escritora sin fronteras, curiosa y exploradora, ha divulgado lo que le cuento y ha tenido a bien que lo disfrutemos los lectores por medio de mecanismos que más parecen del diablo y de brujerías que nada gustarían a su Jesucristo y amor verdadero. Que Dios la bendiga a usted, y a Doña María José, que tal es el nombre de la embajadora de sus cuitas, y tan bien contadas como le digo.

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    1. ¡Pero qué arte tienes! Y qué resalao a la gallega que eres! Gracias por tus aportes, son de lujo.
      Un abrazo Tucho, celebro mucho que me leas, pero más que te explayes. 😊

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