martes, 31 de julio de 2018

Despiadado cincel



Imagen tomada de la Web de Ricardo Naise: De la sombra y el anhelo


Esta cara que no reconozco, que en el espejo me desafía; esa mirada que no parece mía, en tanta amargura congelada.

Este gesto de lágrimas vencido, que esculpió día tras día la inocencia y la dejó inconclusa; trastocada, malherida.

Este rictus de melancolía, gota en la caliza horadando risas, atravesando huesos y membranas para quedarse al fin estancado en la otra orilla, formando excrecencias puntiagudas.

Este rostro que me define y aniquila, que me traiciona y sentencia, que ya no escucha a mi alma cuando canta.

Esta caricatura que me retrata injustamente, que se niega ingrata a desdibujar las huellas de mi cansancio acumulado.

Este semblante maldito que irrumpió en la calma, sin ser bienvenido, para quedarse hasta el final, como testigo inmutable del prolongado grito.


Mariaje López  © Tu  escritora personal por Mariaje  López se encuentra bajo una Licencia  Creative Commons Atribución-NoComercial.


viernes, 27 de julio de 2018

Al acecho



Ilustración: Ofra Amit

Este dolor constante que arrastro,
 que me arrastra, que empujo, que me lleva,
que atrinchera todas las horas en sus ventanas y cornisas.

Este dolor eterno que me observa,
que me llama, que derrocha mis vigilias tercas
en sordas templanzas de vieja cínica.

Este dolor afilado que me asalta, 
que me desnuda, que se agarra al hueso de la memoria,
que no cede a mi desesperanza ni a sus premisas.

Este vivir al peso de tanto lastre, 
de suelta grava que susurra, que atormenta, que ahoga el júbilo incipiente
en sus mareas negras. Y que nunca olvida.



Mariaje López  © Tu  escritora personal por Mariaje  López se encuentra bajo una Licencia  Creative Commons Atribución-NoComercial.

jueves, 26 de julio de 2018

Vacaciones en el jardín




Como tantas noches de verano, desgasto la tumbona en alguna parte del jardín, bebiendo a sorbos la última tisana del día, que sabe a regaliz. La cigarra que se instaló esta tarde en una rama del cedro, atronando el patio, se ha mudado a un jardín vecino, y ahora su carraquilla parece dulce y melódica. 

Ya no hay gorjeos de pájaros, ni zumbidos de abejas. Los pocos ruidos mecánicos que por el día perturban la cadena apacible de las horas, de noche callan como gatos al acecho. Silencio oscuro de amarillentos halos flotando entre las macetas, el oasis levantando misterios parcialmente revelados. El jardín nocturno que nunca duerme espera a sus noctámbulos moradores. Los caracoles aprovechan para salir a comer. A veces hay que llevarlos al campo para dar un respiro a las plantas. 

El jardín es el alma de la casa. Lo he visto crecer, transformarse, amoldarse a nuestra imaginación. Poco a poco se ha provisto de rincones sencillos y acogedores, que para nosotros están llenos de encanto, donde antes solo había maleza y caos. Con todo no ha perdido su corazón salvaje. No es un jardín ostentoso, ni elegante; ni siquiera puede decirse que sea un dechado de armonía. Hay en él mucho elemento reciclado, disparejo, incluso hay alguno fuera de contexto. Carece por completo de un cuidado diseño previo.

martes, 10 de julio de 2018

Paranoias vulgares





Largo rato caminando por una zona poco transitada. Rasga el silencio de la acera el acompasado repicar de los tacones, y desde hace quince minutos escucha otras pisadas a su espalda, siempre a la misma distancia, sin acercarse más... ni alejarse. Piensa en volver la cabeza, pero si lo hace, su inquietud quedará al descubierto. Si quien avanza tras ella es alguien inofensivo, se burlará secretamente de sus temores. Si por el contrario hay motivo para desconfiar, un gesto tan claro precipitaría los acontecimientos.