sábado, 28 de marzo de 2020

De luz y de flores

Imagen: Pixabay


Desde mi retiro impuesto y aceptado, en una esquina del jardín recién vestido de esta primavera extraña, que se ha colado en los parques de la ciudad vacía sin acatar restricciones, sabedora de cuánto la necesitamos, no cesa mi pensamiento de ocuparse en ti. En ti que estás en la calle para que nosotros podamos seguir en casa, para que no nos falte lo esencial. Me acuerdo de ti que te encaminas a ese trabajo imprescindible, a esa fábrica, a esa farmacia, a ese supermercado, a ese hospital, a esa residencia, a ese lugar donde te dejas la piel cada día. 

Y de ti que estás en una cama luchando por cada bocanada de oxígeno, de ti que llevas dos días en una butaca de ese mismo hospital esperando una cama libre. De ti que cuidas de nuestros padres y abuelos con el miedo de ser tú mismo el involuntario portador de la catástrofe. De ti que estás confinado en una habitación de tu casa preguntándote cuándo y cómo acabará todo esto. De ti que has instalado la máquina de coser portátil en la mesa del salón y buscas entre los retales tejidos que sirvan para confeccionar mascarillas lavables a 60°. 

Y también me acuerdo de ti, y de tantos otros que están recibiendo las peores noticias en el corazón de la impotencia. Y de ti, que ves peligrar el único recurso que tienes para subsistir. Y de tantos y tantos que no alcanzo a enumerar. 

No puedo sino sentir gratitud. Gracias por estar ahí. Porque sin ti todo sería mucho peor. Gracias por tu ejemplo, por tus ánimos, por tu esperanza, por tu lucha. Gracias por dominar tu miedo para que yo pueda sobreponerme al mío. Gracias por denunciar lo injusto y lo corrupto allí donde te lo encuentras. Gracias por todo y por tanto, a ti que estás ahí fuera, y a ti que estás en tu casa haciendo lo que mejor puedes: cuidarte, cuidarme, aunque no me conozcas. 

Gracias a ti y a esta primavera solitaria que como tú, llegó para regalar luz y flores, y decir adiós al invierno. 

Mariaje López.

©Tu escritora personal por Mariaje López se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial.

miércoles, 25 de marzo de 2020

El grosor de la piel


Imagen: https://diariodeavisos.elespanol.com


Individuos de piel fina. Transeúntes de la sociedad moderna del bienestar. Hablando sobre lo duro del confinamiento temporal. Desde una casa con la despensa llena, la nevera surtida, habitaciones con luz y calefacción, con agua caliente, con internet. 

Tenemos la piel muy fina. 

Duro es morirte solo en un hospital abarrotado. En una residencia sin respiradores. Duro es trabajar en el epicentro de la epidemia sin una mascarilla que te proteja. Duro es estar más solo que nunca en una casa cerrada, sin saber qué será de ti. Duro es estar encerrado en una chabola, y más aún no tener ni una chabola en la que llorar tranquilo. 

Mariaje López.

©Tu escritora personal por Mariaje López se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial.

sábado, 21 de marzo de 2020

De utopías y otras quimeras

Foto: http://www.traslamascara.com/


Escucho estos días voces que se abren paso en la esperanza. Después de esto cambiaremos, habremos aprendido, cambiarán los paradigmas, y el mundo será distinto, quizá mejor. Yo soy de quienes creen que si las grandes catástrofes nos llevasen a aprender, no habría habido una II Guerra Mundial. ¿Aprendimos de nuestra guerra civil? ¿Acaso no seguimos siendo los mismos y un poco más manipulables si cabe? Y cabe. No. La humanidad como colectivo no aprende ni cambia sus principales pautas por intensa y generalizada que sea la epidemia, la miseria, o la matanza. 

Pero las personas, individualmente, sí podemos cambiar. Lo crucial es el número de transformaciones personales. No creo en la perdurabilidad de los cambios producidos por los movimientos de masas. Son llamativos pero inestables. Casi siempre requieren del esfuerzo constante de unos cuantos para mantener en el tiempo lo que se conquistó con una revolución masiva. La conquista perdurable solo tiene lugar en el terreno individual, la catarsis significativa y profunda únicamente se produce en el corazón y en la mente de cada persona. 

Cuando la tormenta escampe volveremos a la calle. Que nadie espere encontrarse con otro mundo si antes no te se ha transformado a sí mismo. 

Mariaje López 

©Tu escritora personal por Mariaje López se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Desde mi ventana. (Carta de ánimo para un aislado)

Foto: El País digital


Hola: desde mi ventana pienso en ti, en tu soledad. Quizá para ti no esté siendo fácil, aun en el caso de que tengas cierta costumbre, y hasta cierta querencia por ese estado de intimidad contigo mismo. No es lo mismo cuando uno se siente vulnerable. 

Desde mi ventana, visitada por pájaros y engalanada de verdes, pienso en ti, y en tu soledad. Y pienso en que tal vez llegue el momento en que yo estaré en tu misma situación. Hay bastantes posibilidades. 

Quiero decirte que aunque no te lo parezca, estamos contigo. Que esta locura que nos ha pillado desprevenidos, no podrá derrotarnos si sacamos a flote lo mejor de nuestra especie, que tan a menudo traicionamos. Cuando las cosas se ponen difíciles hay una fuerza que se desata, que nos hace dignos de nuestras mejores opiniones sobre nosotros mismos. No desesperes. Todo, todo, y todo pasará. 

Aprovecha esta prueba para convertirte en mejor persona. Yo lo estoy intentando. Inténtalo tú también. La soledad es la mejor compañía para aprender. ¿No te lo crees? Mira dentro de ti. Puede que te sorprendas para mal en algún aspecto, pero te sorprenderás también para lo mejor. 

Pon toda tu voluntad a tu servicio, toda tu fuerza. Pronto sanarás y prestarás a otros tu apoyo experimentado. Te deseo salud y alegría. Te deseo lo mejor hoy y mañana, hoy desde mi ventana, mañana quizá desde la ventana de un hospital. Siempre desde el corazón. 

Un abrazo. 

PD: Me dicen que me presente para que puedas hacerte una idea de quien te escribe. Mi nombre es Mariaje López. Soy escritora y poco más. En julio cumplo 63 años. Soy razonablemente feliz aunque nunca faltan problemas. Trato de vivir en paz, cosa que no siempre consigo. Y tengo un montón de abrazos guardados para cuando se levante la veda. 

¡MUCHO ÁNIMO!