lunes, 23 de enero de 2017

El silencio de Auschwitz.


Cuando nos vayamos y el museo cierre, quedará el silencio.

Escuché decir que en Auschwitz y en el inmenso Birkenau todavía el aire huele a cenizas. Yo no lo percibí, quizá porque a veinte grados bajo cero el olfato se adormece. Mucha nieve, placas de hielo y unos cuantos turistas. Escarchado el aliento entre la bufanda del guía. 

Cruzar la puerta de Auschwitz bajo ese letrero infame: ARBEIT MACHT FREI, "El trabajo libera", para después recordar el estribillo que los guardianes del campo habían escuchado a Himmler: "De aquí solo se sale por las chimeneas". 




Pero si impresiona Auschwitz, Birkenau sacude. Quizá porque es tan grande como nuestra vergüenza, y las ruinas de lo indescriptible están prácticamente sin tocar. Aquí las vías de los ataúdes —¿podrían llamarse de otra forma esos trenes?— penetran hasta dentro reptando, como ofidios siniestros, calcinados y hambrientos.



¿Cómo encajar el espanto de rehacer el trayecto, de dar los mismos pasos que tantas multitudes dieron hacia la ignominiosa muerte? ¿Cómo soporté la vista de las cámaras, de aquellos sótanos ya sin duchas, y el crematorio semiderruido? Y casi lo peor de todo, porque eran los testigos mudos de la agonía brutal: los oscuros barracones de inenarrable inmundicia. 




Lo soporté porque la mente debe tener recursos insospechados, ya que muchos de los supervivientes permanecen cuerdos. Era mi obligación soportarlo, por ellos, ya que en ese momento yo estaba allí, con mi solo respeto para ofrecer. Soportar aquella sombra desdibujada de lo que fue su horror.

Pero nos vamos y todo queda durmiendo entre la nieve, bajo el silencio que acuna lamentos infinitos. Dentro, donde el genocidio era una maquinaria industrial, burocratizada, rentabilizada al máximo. Fuera, más allá de la doble hilera de alambrada eléctrica, de la bonita casa del comandante Höss, palideciendo helados en el extremo invierno de Cracovia.

Aquí; aquí donde es posible asomarse no sólo a lo que somos, sino a lo que podemos llegar a ser. 


Mariaje López. 

Gracias por cada vez que me dices algo antes de irte. Gracias por tu tiempo, y si además compartes, me ayudas a avanzar.

8 comentarios:

  1. Si tienes razón, la mente es capaz de soportar e imaginar los mayores horrores y ahí ante el silencio de esas paredes podemos ser capaces de creer hasta que punto el hombre puede ser tan cruel con sus semejantes y originar tanto dolor, si ya ver una película marca, estar donde sucedió todo debe ser para no olvidar, pero viendo como está el mundo actualmente, pienso que soy bastante ingenua, ! Que pena !

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    1. Yo también lo soy. La verdad es que el panorama debería habernos curado de esa ingenuidad. Se ve que lo nuestro es reincidencia.

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  2. Es como bien dices. Te quedas paralizada al pensar tanto dolor vivido en el campo. Es el único museo donde hay un silencio sepulcral.

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    1. Impresiona mucho, sí. Pero también había gente haciendo el imbécil, poca por fortuna. Yo pienso en el silencio una vez se cierra el museo. Si es verdad eso que dicen de la energía negativa acumulada, por las noches, entre la oscuridad y el silencio, no quiero ni pensar lo que pueda flotar por allí.

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  3. Anónimo5/2/17 19:00

    ...hace unos años visitè Polonia y obviamente al llegar a Cracovia fuimos a ver Auschwitz.Recuerdo que antes de entrar me impresionò tanto ese letrero,que tantas veces habia visto en documentales y pelìculas,"ARBEIT MACH FREI",que me hizo prepararme mentalmente para lo que iba a ver.No se me olvida el recogimiento ni el silencio en el que me envolví para poder imaginarme lo que pudo pasar allì,aùn así personalmente, creo que nadie que vaya es capaz de sentir el grado de dolor,de desesperaciòn y de humillaciòn que tantas personas sufrieron.Quizàs el silencio de Auschwitz estè dentro...pero empieza fuera,en nosotros,,en los que somos capaces de pedir PERDÔN.

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    1. Tienes mucha razón, el silencio empieza o debería empezar ahí. Una experiencia sobrecogedora. Un saludo.

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  4. Muy lindo tu blog, hay la posibilidad de que subas más fotos de la revista Selecciones Readers Digest especialmente esas secciones al final de los artículos donde hay lindas frases que nunca las encontrarás en Internet. GRACIAS

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    1. Hola LizDanny. Buscaré, pero creo que no tengo las revistas ya. Se perdieron cosas en las mudanzas.
      Un saludo y gracias por tu visita.

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