domingo, 22 de noviembre de 2015

A la sombra de un tilo





“El escritor se sentó en un banco del parque, en su lugar preferido, bajo la sombra de un tilo, extrajo el cuaderno y el bolígrafo del cartapacio, observó el panorama durante unos segundos, imaginó otros tantos y escribió… una historia verdadera, de esas que se gestan en el corazón de la vida. La tituló “A la sombra de un tilo.”. 

A la sombra de un tilo - (Salvador Robles)



Pasa, amigo mío... mío y de esta casa que nos acoge a los dos; entremos en la biblioteca. Tengo un nuevo libro que mostrarte, de un autor del que ya te hablé otras veces: Salvador Robles. Ven y te mostraré un texto de lujo, con varios relatos, entre sus más de quinientos, premiados antes de su publicación. Un libro que, como un amante tranquilo y delicado, acaricia el espíritu en reposo. La primera acepción de la palabra reposo en el diccionario es: descansar, dar intermisión a la fatiga o al trabajo. 

Pues bien; en ese espacio de privilegio siempre encaja como un guante una buena lectura. 


Me parece esta obra una criatura provista de un cuerpo robusto y una mente jovial. El músculo narrativo incide, a mi entender, en ese misterio de contradicción que, inevitablemente, subyace en la condición humana. El escritor veraz nos sumerge una y otra vez en estos juegos de contrarios, pero no se queda atrapado en ellos; astutamente dirige el foco a la acción y la somete a una cirugía de catarsis, que busca la fusión de antítesis para configurar con todo una realidad alternativa. 

Ejemplos de lo que digo hay casi en cada página. Salvador reúne lo inmiscible y declara el armisticio: la paz es posible. Este milagro se repite en multitud de principios que son finales, y en finales convertidos en principios. Y claro está, el final por excelencia, la Señora Muerte, también ha sido invitada a participar. Al fin y al cabo ella siempre tiene la última palabra.
¿O quizá no? 

De cualquier modo, aquí esa temida dama se desviste y nos invita a mirar. Ya no podemos seguir espiando a hurtadillas como ajenos transeúntes, ya no nos sirve caminar por el mundo disfrazados de inmortales, o actuando como si lo fuéramos. Es llegado el momento de descubrir que nada nos hace estar más vivos que la conciencia del final. 

Otro tema que solemos obviar es la vejez. Una vez más, Salvador nos guía tras los pasos de esos viejos muy viejos, personajes insignia de sus cuentos. Sus viejos son sabios, humildes; prestos, más que a marchitarse en la sequía, a sembrar el penúltimo germen de la plenitud, y con la esperanza de verlo crecer. ¡Qué hermoso! 

Aquí un ejemplo: 


Más vida

“Descubrió, en el umbral de la vejez, cómo se extraía más tiempo del tiempo, más vida de la vida. Sencillamente había que escuchar, ver, paladear, palpar, oler y sentir… ¡Aprender! Qué lástima que descubriera eso tan tarde! “¿Tarde?”, se preguntó mientras miraba por la ventana hacia el fondo del horizonte. Estaba amaneciendo.”.

A la sombra de un tilo - (Salvador Robles)



Encontrarás varias historias ambientadas en trenes, y no es casual; el autor los utiliza con frecuencia y sabe que los vagones son un filón de historias por descifrar. Tampoco es casual el abordaje en sus manuscritos a temas más oscuros y escabrosos como, por citar un ejemplo, la brutalidad humana. No por manido es menos cierto constatar que ninguna otra especie del planeta se sirve del odio, la codicia o simplemente el afán de diversión para torturar y matar. 

Cualquiera de nosotros puede contar el horror, a su modo; pero hacerlo bellamente es privilegio del artista. Y no importa cuán reconocido o anónimo sea su nombre. 



Gritos en el cielo


“Los soldados nazis arrancaron a los niños de los brazos de sus respectivas madres, y los gritos desgarrados de las mujeres llegaron hasta el Cielo. Fue así cómo Dios se despertó de su largo sueño. Desde entonces, sufre pesadillas.”.


A la sombra de un tilo - (Salvador Robles)



No faltan referencias al trabajo de escritor, y al escritor mismo; a sus tentativas y fracasos, a sus temores, y a sus temeridades. Y hay también, faltaría más, alusiones al lector, aunque sólo sea para reconciliarle con sus miedos y animarle a que los abrace compasivamente.

A la Sombra de un Tilo es un juego de espejos, de relatos dentro de relatos, de historias que se muerden la cola e imágenes que se retroalimentan y superponen para seguir avanzando hacia el asombro. 

Los libros tienen biografía, y sus memorias en nada desmerecen de las humanas. Muchas veces las sobrepasan. Aquí los libros y las palabras son absolutos protagonistas. La palabra tiene para Salvador Robles un peso específico, y de ahí el valor que ensalza la palabra dada. Palabra dada, que en nuestros días, para infortunio de todos, es tenida en tan poco que traicionarla, no conlleva ya, aparentemente, deshonor alguno.

Sentémonos. Disfruta conmigo de este lúcido hábitat salvadoreño, recuéstate a la sombra de este tilo magnífico, cargado de frutos maduros y semillas frescas. te prepararé con sus hojas curativas un filtro amable para la vida. 

Bajo estas ramas hallarás denuncia, pero no soberbia; y una serenidad a la que no le tiembla el pulso para escribir el nombre de cada cosa, llamando a cada cosa por su nombre. 


Mariaje López.




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7 comentarios:

  1. Lo tengo en la lista, Mariaje, ya había leido otra critica tuya sobre él. ¿Cómo no tomar nota?, la tinta de tu pluma se filtra facilmente en la piel.

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    1. Gracias Antonio. Hice críticas anteriores de dos novelas de este autor: La exclusiva del asesino y Contra el cielo. Ya se ha convertido en un amigo, je je. Gracias por tu poética última frase. Un abrazo.

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  2. Bonita presentación Mariaje. Me siento contigo debajo del tilo para tomar ese filtro maravilloso.

    Carmen Rasero

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    1. Carmen ¡qué buen rato pasaremos! Adelante. :-)

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  3. Me lo regaló mi hija por fiestas, lo compró en Bilbao, empecé a leerlo, pero he parado, quiero dejarlo para este verano, más tranquila y a la sombra de algún árbol. Elbelina

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    1. Has elegido un buen sitio. Muchos besos.

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  4. Me lo regaló mi hija por fiestas, lo compró en Bilbao, empecé a leerlo, pero he parado, quiero dejarlo para este verano, más tranquila y a la sombra de algún árbol. Elbelina

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