Importamos a pocos, en realidad.
Vamos a empujones, también con los que nos quieren, o decimos querer.
Y cuando ya no están se nos quedan los brazos abiertos y vacíos.
Formidable misterio. Valiente lógica defectuosa.
Al vivir sin mirar la muerte, no vivimos.
Revestidos de argumentos, armados como necios hasta los dientes,
Revestidos de argumentos, armados como necios hasta los dientes,
enarbolando al déspota que gobierna nuestra cabeza.
Tiranos y esclavos de una órbita imaginaria. Sobre las uñas ásperas del mundo, la soledad tienta.
Y es difícil saber si hay algo más allá de la paz.
Mariaje López
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