lunes, 15 de junio de 2026

Persiguiendo el amor





    Se fijó en dos letreros enfrentados: uno le daba la bienvenida y el otro le decía adiós. Coligió que uno llevaba a la salida y el otro invitaba a quedarse. En cualquier otra circunstancia habría optado por irse, ya que desconfiaba de lo inexplicable; pero se anteponía a todo su inquietud por Liena, a quien en conciencia no podía abandonar. Ni podía ni quería, porque en esto su corazón mandaba y la elección estaba hecha.

Anduvo un rato bordeando el lago. Los montes circundantes, pelados y rojizos, remansaban sus laderas en el agua quieta, y un gran silencio lo envolvía todo. Solo escuchaba su interior, sus pulsaciones, y se le despertó un recuerdo remoto: el útero blando y cálido, ese tiempo de felicidad tan dulce que le sobrevenía de nuevo y lo conmovía de pura extrañeza.
La memoria del primer latido lo estremeció: en aquella orilla, entre las dos lunas, sintió que por un instante volvía a ser inocente. En aquel paraje y junto a ese lago primordial, reconoció su voz más auténtica: la de su primer llanto. Experimentó una paz intensa. Supo que nunca más, en ningún lugar, hallaría un retrato tan fiel de su alma.

Permaneció así: quieto, mudo e intemporal. Y luego se alejó caminando sobre el agua, sin temor a hundirse. Cada paso era un acto de fe, un pacto secreto con ese mundo insólito. Porque necesitaría mucha fe para encontrar a Liena sana y salva.

BEATRICIA, (M.A.R. Editor 2016)


Mariaje López

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