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| Habitación con vistas al puerto—, de James Tissot |
Este cuadro de James Tissot, Habitación con vistas al puerto, siempre me ha fascinado. Pensé que sería de gran formato, pero es un óleo sobre tabla de 25 × 33 cm.
Esa captura de un instante que solo es íntimo para ella, porque él está inmerso en lo público, tras el periódico. La mujer tiene la mirada puesta en un cuaderno, o agenda, que sujeta apenas para que no se cierre, pero al mismo tiempo se percibe que su pensamiento vuela suspendido en algo que trasciende a lo escrito. Su mente está volcada en su mundo privado.
Pero el cuadro la sitúa dentro y fuera al tiempo. Esa paz interior se nutre del paisaje exterior, un lugar donde se combina la actividad portuaria con la serenidad marina de una mañana radiante. La vajilla del desayuno todavía está en la mesa. El día acaba de empezar y no sabemos cómo transcurrirá.La primera vez que lo vi, además de imaginarlo grande, estaba convencida de que el interior era de un barco atracado en el muelle. Un barco convertido en hogar; (creo que Tissot no se opondría a que sea lo que yo prefiera).
Estéticamente me atrae la finura de la composición, que capta un momento cotidiano donde lo que habla es el silencio y el tiempo suspendido, y donde el protagonismo recae en ella y en su mundo reflexivo. Sin agitación, sin ruido. Solo el susurro del agua y voces atenuadas que llegan desde fuera.
La mujer no parece sola porque esté abandonada. Parece sola porque está completa en ese momento. El hombre del periódico existe, pero no invade la escena. No reclama su atención. Ella tiene un mundo interior suficiente para llenar el cuadro.

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