jueves, 15 de junio de 2017

El camino más corto a la alegría


Una vez más, compruebo que la tristeza es el camino más corto hacia la alegría.
Por eso hace tiempo que no la huyo, que no la temo.
Sé que solo quiere que me pare, que la escuche.
Y cuando hablamos y yo la escucho, aprendo y me renuevo, porque aprender es renacer.


Mariaje López


viernes, 26 de mayo de 2017

Miradas sin título




Me gusta cuando te detienes ante un charco para dejar beber a los pájaros, cuando sonríes al perrillo que llega con ganas de carantoñas, y que no molestes a los gatos cuando duermen. 

Me gusta que te sientes en un lado del camino para escuchar las voces de los que pasan, y la compasión que vive en tu mirada quieta, prendida en cada momento. 

Me gusta el amor de tu sonrisa multiplicando las horas, el rumor de tus latidos entre las hojas del bosque, la bienvenida que entregas en los brazos llenos de sol y espuma. 

Me gustan de ti muchas cosas, y la que más, encontrarme con el día en tus ojos, dentro de su borde aceituna.  


Mariaje López ©

viernes, 19 de mayo de 2017

Reseña: Ya no quedan junglas adonde regresar




Para empezar, del libro de Carlos Augusto Casas me llamaron la atención el título y la portada. Era un buen comienzo. Luego supe que había sido ganador del VI premio Wilkie Collins de Novela Negra, como el año anterior lo fue Salvador Robles con Troya en las urnas. Más tarde seguí con interés su acogida en los medios, que iba en la misma dirección. Sólo me quedaba coincidir con el autor en alguna feria para hacerme con un ejemplar firmado. Estaba de suerte: nuestro editor, la casualidad, o ambos, tuvieron a bien llamarnos a firmar juntos en la Feria del Libro de Valladolid. 

Durante las horas de descanso —firmábamos mañana y tarde—, ya me leí el primer capítulo. Eso bastó para celebrar mi intuición.  Lo que escribe Augusto Casas difiere mucho de lo que escribo yo, pero en cuanto a gustos no me ciño a nada, solo al placer del disfrute de una buena obra. Pues bien, te contaré algo de lo que puedes encontrar en esta: en primer lugar, una esmerada corrección que ha eliminado todo lo innecesario. El submundo que describe la novela es tan descarnado y mugriento, que deslumbra la limpieza con que lo recrea. Nada falta ni sobra en la composición, la eficacia narrativa es inmediata, manejando el diálogo con tal tino que con frecuencia sustituye a la parte descriptiva, en frases que revelan los paisajes interiores como radiografías. Pero no busques en las placas actitudes políticamente correctas, ni con lupa las encontrarás. No busques moralejas ni cosas por el estilo. Busca solo literatura de la buena.

Hallarás también un muestrario tipológico de la miserabilidad humana, de su indolencia; descenderás hasta un círculo del infierno donde crepita la escoria al rojo vivo. Busca y encuentra tus propios miedos: a la insignificancia, a la vejez, a la certeza de ser prescindible. Busca tus penurias y desidias, tus tedios y heridas, tus rencores y tu necesidad apremiante de repartir justicia donde nadie la impone. Muchos cadáveres, sí, más por casi ninguno de ellos movería un dedo una persona de bien. Terapia restitutiva de sofá, lo llamo. El protagonista lo tiene claro. Prefiere arañar el dolor y enseñar los colmillos como un lobo rabioso, a vivir como un perro moribundo, asqueado de sí mismo y que a nadie importa, .

No carece lo narrado de un trasfondo vital y filosófico que sin pretensiones va iluminando la trama aquí y allá, sin detenerse apenas en lamentos, perdiendo el respeto a casi todo para poder respetarse. Sorprende que una historia tan lóbrega deje entrever la luz de una resurrección, aunque sea en las cloacas. 

Ya no quedan junglas adonde regresar, está llamada a convertirse en un clásico del género, porque está muy bien escrita, su lectura es adictiva, su planteamiento brillante, y nos impacta con la familiaridad que suscita; demasiada como para no reconocer en ella nuestros reflejos más arcanos. 

Cuando la ficción altera la realidad previsible, llevando a cabo por nosotros las acciones que secretamente alguna vez hemos acariciado, como simple desahogo a situaciones que percibimos injustas, esa misma ficción ayuda a evitar males mayores que de no tener dicha salida, abandonarían con más frecuencia el reino de los deseos para invadir la realidad. No habría suficientes cárceles para tanto homicida ni por supuesto, junglas adonde regresar. 


Mariaje López 


Pilar García Muñiz entrevista a la autora de Beatricia.


Prólogo: El delantero centro se niega a jugar.



Cubiertas de El delantero centro se niega a jugar, de Salvador Robles Miras, M.A.R. Editor.





Prólogo de la novela El delantero centro se niega a jugar, de Salvador Robles. 


¿Quién eres tú? 
¿Quién soy yo? 
¿Quién de nosotros aguantará ante el otro con la mirada firme, en tanto que el edificio de nuestras vidas se desmorona? 
¿Quién podrá soportar esta exhibición sin percibir al menos un ligero temblor? 

Nunca es el espejo el que miente, y por eso arriesga tanto quien lo mira. Su mirada fría refleja una llama que no entiende; no hay nada más aterrador. Miradas que nos desnudan y rasgan. 

A la mirada sigue una elección, porque siempre estamos eligiendo: en lo elevado y en lo abismal. Somos el resultado de lo que decidimos. Nuestras vidas son nuestras decisiones, varadas en la tensión constante entre el orden y el caos, entre la victoria que mata el orden y la derrota que vence al caos. 
Muchos eligen lo primero, y algunos pocos, lo más difícil. 

miércoles, 17 de mayo de 2017

Crónica de Beatricia en Valencia.






A qué negarlo: presentar Beatricia en Valencia igual que lo habíamos hecho en Madrid, Barcelona o Bilbao, resultó muy complicado. Eso no impidió que se produjeran grandes momentos, y que en lo privado constituyera un cúmulo de regalos emocionantes para mí. Lo mejor: las personas que me acompañaron en el proceso. No tengo palabras para agradecer a Osvaldo Sánchez Correa su entusiasmo, su cariño y apoyo, y el obsequio que nos hizo a Beatricia y a mí, pues la magnífica actuación de The Kojaks corrió por cuenta suya. No hubo forma de declinar su ofrecimiento. Lo mismo digo del exquisito Eugenio Mira, atento siempre a cualquier necesidad ajena que pueda atender. 

martes, 25 de abril de 2017

Las Huellas Recicladas de Francisco Recuero



Esta imagen y el resto de las que aparecen en la presente publicación, pertenecen a la exposición "Huellas Recicladas", del artista Francisco Recuero.


Fuimos a ver la exposición de collages de Francisco Recuero, en el Espacio Bop hasta este viernes 28 de abril, en que se clausurará con un concierto a cargo de Collage Ensemble, cuarteto de cuerda y viento del que forma parte el mismo Recuero, que además de dibujar, pintar y hacer collages, toca el piano y la flauta, y claro está, también compone.

Experimentamos un auténtico flechazo. Habíamos visto alguno de sus trabajos en foto... pero al natural, nada que ver. Son nítidos, exquisitos y elegantes. Tienen mucho que contar, sobre todo del alma del artista, pero también de cómo respira este planeta maltratado. 

Sonidos, colores, perfiles arquitectónicos, bodegones tránsfugas con ecos del Cabaret Voltaire. Aprovechen a verla antes de su despedida, que llegará después de un mes al abrigo del Espacio Bop, un despacho de arquitectos donde todavía se sueña con un arte verdadero y accesible. 

No podría yo, aunque quisiera, decir nada mejor de lo que ha dicho Beatriz Recuero, artista ella también, de su padre. Aquí lo transcribo, con admirada emoción. 

jueves, 20 de abril de 2017

Alegría pura, plenitud serena.



Foto: Mariaje López, sobre diseño de logo de Tu escritora personal, de Marta Virseda.
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Alegría pura, plenitud serena...
hacia ti nado a contracorriente.
Una vez que te alcanzo
en el centro de tu lago inmóvil
me sumerjo en la dicha verdadera.

Hasta que no te busco y deseo
no desatas tu mordaza, 
ni extiendes tus alas bellas, 
ni colocas tu anhelada tiara
sobre mi cabeza.

Alegría pura, plenitud serena...
amanecer sin tiempo,
crepúsculo sin frontera,
mirándonos cara a cara, allí
donde la vida sonríe, y se aquieta. 





Mariaje López

Licencia Creative Commons Tu  escritora personal por Mariaje  López se encuentra bajo una Licencia  Creative Commons Atribución-NoComercial-

sábado, 15 de abril de 2017

Lo que quede después... es cosa suya.




Puede que Eugenia Kléber se sorprenda si digo que su literatura no es pan comido. O puede que asienta. En cualquier caso y bajo mi punto de vista, entre las características que la definen notablemente, está la de no entregar la lectura masticada. Eso sí, dispone la mesa con abundancia y buen gusto, con la mejor vajilla y la cubertería de plata, y luego deja al comensal que se sirva solo.

Kléber vuelca en su obra la sensibilidad herida que lucha por encontrar una esperanza. Un empeño en el que a menudo cunde el desánimo, y esto no extrañará a quien se pare de vez en cuando a observar el mundo. Recorren sus historias seres sin patria, despojados, víctimas del tedio y del desamor. Víctimas y verdugos que a veces se confunden entre sí. Abundantes personajes en un mosaico de tipología coral. 

martes, 11 de abril de 2017

El rincón de Majelola




Hoy, de cara al buen tiempo, he estado poniendo a punto “El rincón de Majelola”. Se trata de un espacio rescatado de la maleza en un extremo del jardín. Paco lo acondicionó para mí, y yo lo bauticé así, con mi alias de internauta. 

viernes, 7 de abril de 2017

Beatricia en Colmenar Viejo: un parnaso familiar.




Llegamos de Barcelona y apenas le dimos tiempo a Merilio para cambiar de camisa. El día 4 le tocaba visita a la Biblioteca Pablo Picasso, de Colmenar Viejo. De algo le tenía que sonar el nombre del pueblo donde fue gestado, por más que viera la luz en Alcalá de Henares. Pero la luz en la que se fue formando era la de Colmenar, el vientre donde creció día a día como un hijo deseado, fue la serenidad de un jardín embadurnado en luz y gorjeos de pájaros. Fue en su quinta epifanía cuando Merilio regresó al Parnaso de las Musas, que en resumidas cuentas no era la Bola del Mundo, ni siguiera el Pico de San Pedro ni ningún otro más chato, sino un porche de la calle Juncos o bajando más, un rincón entre flores y jazmines, llamado así, el Rincón de Majelola.