domingo, 25 de noviembre de 2012

Scheherezade existe.



Uno de los mejores regalos que los Reyes Magos dejaron jamás a los pies de mi cama, fueron dos gruesos tomos de cuentos populares: los Cuentos Egipcios, y los Cuentos Árabes. Si lamento haber extraviado objetos de mi infancia, sin duda los mencionados encabezan la lista.

Me entusiasmaban los dos libros, profusamente ilustrados, si bien hice más relecturas del segundo, tal vez por embutirse más en mi fantasía. Las imágenes, espléndidas obras de arte, aguzaban mi imaginación con sus trazos coloridos, y me transportaban, casi materialmente, a lugares exóticos y distantes que sólo habitaban mis sueños.

Mi primera incursión en el mundo árabe real, no se produciría hasta mi edad madura. En aquella ocasión viajamos a Petra, la ciudad perdida de los nabateos, esculpida en las rocas del Valle de Edom y oculta entre montañas. Fue emocionante.

Monasterio de Petra

Poco después llegó la segunda visita al pueblo de Aladino, (por seguir con los cuentos). Esta vez Cappadocia. Pero sin duda, mi auténtica inmersión en la cultura árabe ha sido más reciente; en la mítica Tetuán.

Paco y yo, junto con otros familiares, tuvimos el honor de ser invitados a una boda amazigh, (bereber). Imazighen significa "hombres libres". Durante una corta estancia en Almería, conocimos a una encantadora familia marroquí cuando nos invitaron a tomar el te en su casa. Cuando Najat, la bella anfitriona, terminó de escanciar la bebida caliente con admirable destreza, no tuve más remedio que aplaudir. Pasamos una tarde deliciosa, oliendo a menta y canela, y probando los exquisitos dulces que habían cocinado en abundancia.

Llegamos a Tetuán el mismo día del ritual de la henna. Éramos un grupo de once personas y Magdalena, mi eficiente cuñada, nos había reservado habitaciones en el Blanco Riad; una gran casa típica marroquí del siglo XVIII bellamente restaurada, dentro de la medina. Entramos directamente a su receptivo patio central, en torno a una fuente cuadrangular rodeada de columnas y arcos, atrio al que se abrían las habitaciones llenas de encanto.



La novia ya había sido conducida a la casa de sus suegros, donde todo estaba preparado para el ritual de aquel día previo al casamiento. Una boda marroquí es una fiesta de mujeres, y para mujeres. Ellas son las absolutas protagonistas. Todo está enfocado a su diversión, a su lucimiento, y las novias llegan a parecer verdaderas huríes descendidas de la Yanna. Recuérdalo si eres advenedizo, y en cambio, olvídate del reloj: es un objeto inútil en según qué sitios. (Sí, señor Einstein; el tiempo es relativo; pero los marroquíes ya contaban con eso antes que usted lo dijera).

Al llegar a la casa, cambiamos nuestros vaqueros
 por los favorecedores vestidos tradicionales.

La estancia principal, un rectángulo largo y alfombrado, cuyo fondo estaba decorado con profusión de telas satinadas que pendían del techo, caían salpicadas de hilos dorados hasta el banco lleno de cojines. Un escabel almohadillado remataba el conjunto. Allí reposarían los pies desnudos de Ghizlan teñidos de henna.
Entró el cortejo de mujeres escoltando a la novia, comenzaron los cánticos y bailes, que ya no cesarían hasta pasada la media noche. Quedamos absortos admirando la destreza de la mu'alima, que perfilaba delicados encajes oscuros en las manos de la joven.


 
  La henna es más que un simple adorno. Un proverbio árabe dice:
“Si mis palabras fueran falsas, no te presentaría mi mano teñida de henna”.

Y Paco empeñado en probar lo de la henna. La mu'alima no daba crédito; pero él insistió tanto que ella medio cludicó, trazando velozmente en el dorso de su mano un signo de interrogación. Se quedó ahí. 
Entre tanto, los cuentos de la infancia, poblados de imágenes entonces lejanas, irrumpían en la tercera dimensión. Mujeres que parecían estampas de las Mil y Una Noches, ataviadas con hermosos caftanes bordados, ajustados al talle por el ancho cinturón de corsé. 

De pronto dos muchachas se soltaron la melena, literalmente. A una de ellas, el pelo le sobrepasaba la cintura. Giros de cuello inverosímiles impelían sus melenas hipnóticas, como un oleaje furioso rompiendo contra el dique de la modestia. Me atrevería a decir que era un desafío. Quizá inconsciente, quizá no. Aventuré el impacto de esa proyección en el bando masculino. ¿Les producía deseo y temor a la vez? ¿Les alcanzaba el miedo atávico de un poder que les hacía vulnerables? ¿Y qué decir de la danza, tan sensual? No importaba lo tapados que estuvieran los cuerpos, ni si alguno escapaba al límite de su peso. Eran bellos, voluptuosos. Ellas anudaban cualquier cinta o pañuelo alrededor de sus caderas para enfatizar su increíble y rítmica oscilación. Poseen una gracia natural para el baile, desde pequeñas. Cuando bailan son poderosas, y ellas lo saben. Sólo hay que mirarlas a la cara.


Avanzada la fiesta, llegó el novio. Creo recordar que recitó algo, apartó el velo de la frente femenina, y dejó en ella un beso. Luego se sentó a la izquierda y se dispuso a escuchar la música y las salmodias.

Najat nos llamó para cenar en una sala aparte. Después de pasarnos el aguamanil, comenzamos con el té y los dulces, que se deshacían en la boca. Todavía lamento no haberme atrevido con alguno más, pero había que dejar sitio al mscharmel, un asado de pollo con limones encurtidos y aceitunas; y al suculento mechuí de cordero, tan delicioso, que eras capaz de saborearlo aunque el hambre ya sólo fuera un concepto lejano. ¡Qué magnífica fiesta para el paladar!



Mscharmel
Bastela

















Dulces como el amiou, hecho con pasta de almendra tostada y amalgamada con miel. Se come a cucharaditas, y sabe como un polvorón de los nuestros, menos denso. La bastela (pastela); es un plato salado con un toque dulce; que consiste en una especie de guiso de pollo o pichón, a veces cordero e incluso pescado; con cebolla, pimientos, jengibre, canela, azafrán y cilantro, envuelto en una fina capa de hojaldre. Es un plato muy elaborado que suele reservarse para las fiestas. O el mismo cuscús, que nunca me había sabido tan bueno. Tal vez sea el toque del utensilio especial que tienen para cocinarlo al vapor: el alcuzcucero.


Al despedirnos de la novia por la noche, nos dio las gracias por asistir a su boda, aunque sin duda, quienes tenían mayor motivo de agradecimiento éramos nosotros.

-Mañana será un día muy largo – dijo.





La mañana siguiente, tras desayunar en el hotel, y mientras las chicas se iban de compras, yo me apunté al grupo de los varones, que preferían ver la ciudad antigua. Al final creo que estuvimos en los mismos sitios. 

La medina de Tetuán es un lugar increíble, declarado por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad. Sus calles, la mayoría estrechas y empedradas, tienen cubiertos muchos de sus tramos con arcos, que se vuelven triangulares en el barrio judío. Forman un auténtico laberinto de vías y plazoletas en el que no es difícil perderse.




  









Allí, todas las historias imaginables son posibles. Acompaña la mixtura de olores, la abundancia cromática en los comercios a pie de calle, a veces a ras del suelo, como en el caso de las mujeres rifeñas, que venden sus cultivos sobre una estera, ataviadas con sus sombreros y trajes típicos. 

Los gatos son bienvenidos en el zoco, mantienen las calles limpias de ratones y de insectos rastreadores. Creo que gozan del respeto de los tetuanís. Los puestos de especias son unos de los más atractivos; esparcen aromas que activan resortes mágicos en el subconsciente. Cuando menos, en el de una experimentada transeúnte de la región de los cuentos. Me habría pasado allí el día entero, descubriendo sus rincones, percibiendo sus olores, y archivando en la memoria rostros y costumbres que parecían recortados de mis viejas láminas. Me sentía como Bastian Baltasar Bux en Fantasía. Entrar en la medina es como entrar en el libro de los libros, una historia sin fin.



Nunca faltan moritos avispados, pendientes de los turistas. Son los relaciones públicas de los comercios más grandes. Ganan una comisión por llevar posibles, y enredan astutamente al comprador presunto con alguna búsqueda en el mapa, más o menos ficticia. Sea; cada cual gana el cuscús como puede. Había que salir del laberinto; Najat nos esperaba para el almuerzo. 

Después de la bastela y el cuscús, participamos en una romería por las calles del barrio, con cánticos, bailes y salmodias rituales. Las mujeres iban a la cabeza, seguidas por los músicos, que enarbolaban largos palos de caña abierta, en los que se habían ensartado billetes de dirhams con distinto valor. Era una ofrenda para entregar al padre del novio. Supongo que ayudas al gasto de la boda. La novia,  madre, hermanas y primas, estaban en el hammam (los baños), o en la peluquería.


Ya de noche, llegó un pequeño autocar a recoger a los invitados que aún permanecían en la casa, para trasladarlos hasta el local donde se celebraría la ceremonia principal. Fuimos cantando y dando palmas todo el camino. A mi lado iba Serghini, el padre de la novia; un amazigh poseedor de una de las sonrisas más acogedoras que he visto nunca.

Durante la fiesta, la novia luciría cuatro lujosos vestidos diferentes, cada uno con sus complementos; desde los zapatos hasta las joyas, e incluso el maquillaje. Dada la aparatosidad de la indumentaria, Ghizlan tenía que caminar de la mano de la maestra de ceremonias, que con lentitud, iba conduciéndola hasta el estrado doble con baldaquino destinado a los esposos. Debía adoptar, al menos en la primera entrada y por protocolo, una actitud hierática, para mostrar su pena por el abandono de la casa familiar. En las dos entradas subsecuentes, los costaleros danzantes la trajeron sentada bajo palio, en volandas, ejecutando diversas coreografías en las que después, también intervendrían los consortes.






Las novias imazighen lucen maquillaje abundante, justificado en parte, por la opulencia de su atavío nupcial, y eso hace que las jovencitas parezcan mujeres ya maduras. Con el último vestido, de corte más europeo, Ghizlan lucía un maquillaje más sencillo: volvía a aparentar la edad que realmente tenía. El novio también se puso varios trajes, todos bonitos, pero el tercero me encantó, era un caftán muy elegante con las babuchas a juego. 








Antes de cortar la tarta, los nuevos esposos se ofrecieron leche y dátiles. Iman, la hermana de la novia, les manchó la punta de la nariz con nata. Esto último no formaba parte del rito, sólo fue una travesura simpática.


Leche y dátiles para la promesa


Algunas invitadas también cambiaron de vestido a mitad de la fiesta. En el centro del ancho pasillo que hacía las veces de pista, siempre había mujeres bailando. Najat y su cuñada, encantadoras y muy cariñosas ambas, estuvieron sentadas junto a nosotros toda la velada. Con ello sin duda se privaron de disfrutar del acontecimiento junto a los suyos. Su exquisita hospitalidad fue la causa, nuevamente. Sabían que no podíamos integrarnos demasiado, al desconocer la lengua. Tampoco entre ellas y nosotros era fácil la conversación; hablan poco o ningún castellano, y nosotros nada de árabe. Con todo, nos entendíamos. Y para un apuro teníamos al paciente Samir, otro amigo árabe que nos traducía.



Najat,  nuestra bella anfitriona


De pronto una cortesía inesperada en honor a los extranjeros: partitura desacostumbrada en aquel contexto y en aquella orquesta. El vocalista se arrancó con La Bamba. Había que salir a bailar. Y Paco que no.

Los hombres bailaron sólo al final y sin mezclarse mucho. No es que bailen mal, en absoluto. Son vitales y muy ágiles. Pero no pueden competir con ellas. Ellas se convierten en diosas cuando bailan. Con sus imponentes caftanes, sus velos de seda y sus hermosos rostros. Con esa forma tan plena de vivir la alegría que demuestran. Con ese saber disfrutar, en complicidad femenina, de lo que tienen.






Volvimos al hotel caminando por las calles vacías del Ensanche español.

-¿Verdad que son como las auténticas princesas de los cuentos?- le dije a Paco, maravillada.

Él asintió. No eran tan irreales, al fin y al cabo, mis fantasías de niña. Confirmé entonces, en la madrugada de las mil y una noches, que Scheherezade existe.






Mariaje López.

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viernes, 16 de noviembre de 2012

Peregrinaciones






    Levanta tus pupilas hacia el mediodía y mira: ¿te atreverás a cruzar el mundo con los ojos abiertos?

Tú que para ti eres el misterio más arcano y temido

¿Puedes soportarlo?

Deja de preguntarte qué has de hacer, o dónde irás; porque irás donde te guíen tus pasos, y el mañana no te angustiará.

Mira que en la noche de tu alumbramiento cantó ya el pájaro de tu aurora.

Porque tú eres un proyecto destinado a realizarse.

Peregrino:

Ensancha de una vez el cerco de tu fuego adormecido. ¡Rasga las alambradas, dinamita los muros, asalta las torres de vigilancia!

No desesperes, no dudes, no te abandones... que todavía no es tarde para rehacer el camino.


Mariaje López.
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domingo, 11 de noviembre de 2012

¿Volver a Itaca?




 Este poema de Kavafis se ha convertido en un clásico de mis cuadernos.
 
Hace bastantes años, una profesora de griego lo caligrafió para mí, en su idioma nativo. Para albergar el manuscrito, no tardé en improvisar un marco con cuatro cosas que encontré en el cajón de sastre.

Deseaba colgarlo en un lugar visible de mi dormitorio. No entendía palabra, pero no importaba, porque me lo sabía de memoria. También me había aprendido, y eso fue lo más fascinante, sus silencios. 

Algo te diré acerca de ellos, y es bien cierto: que toda buena lectura los tiene.

Los silencios que podemos encontrar en un escrito, son el equivalente literario de los agujeros de gusano cuánticos.  Según la teoría científica,  estos túneles serían los que permitirían viajar en el tiempo. Por cierto, escuché en iVoox un documental, en el que se decía que estos viajes, de llegar a producirse, sólo lo harían en un sentido: hacia el futuro. El pasado estaría censurado por el imperativo de un cosmos en expansión. Parece ser que nada retrocede en el universo(*1), y que la cuarta dimensión no es inmune a este protocolo. Si nos atenemos a dicha teoría, sale más ventajosa la tournée literaria, ya que permite viajar en ambas direcciones.

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(*1) Aviso importante: Las conquistas sociales en España no se adhieren a este parámetro.
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Retomando: ¿Y por qué este poema, y tan reiteradamente?

Lo conocí poco a poco, como a las personas. Me presentaron algunos de sus versos. Y del mismo modo que, al estrechar una nueva mano en la que percibes una fuerte cercanía, no puedes evitar sentir el deseo de averiguar más, ese primer contacto agudizó mi interés por conocer el resto de la composición.

Cuando al fin pude completar la lectura, me sentí tan aludida como si el título de la obra y mi nombre fueran una misma cosa. Muchas veces me había preguntado sobre mi identidad dormida. Por aquel entonces, me sentía como un polizón escondido en el cuarto de máquinas de una vida absurda y sin referentes. Añorando siempre pasadas risas de la infancia, inolvidables siestas de tebeos y recortables. ¿Qué me había pasado, qué fue de la pequeña Ketxu? ¿En qué momento la abandoné o cuándo permití que fuera relegada  por otros al cuarto oscuro?

Volver a Ítaca y recuperarla. Tal era la misión. Volver al hogar auténtico y primordial. Al patio incontaminado de mis juegos y aventuras, donde todo era posible. Rehabilitar lo auténtico, legitimarlo contra toda oposición, contra toda violencia y tiranía. 
 
Únicamente esto: tener a Ítaca como destino, para poder viajar hacia mi verdad, siendo quién soy en el viaje. Y ya, sabiendo la meta, olvidarla. Para poner el alma en el camino. Entonces mis pasos llegarán, sin directrices, sin mapas, sin prisa, a su destino. 

Mariaje López.



ÍTACA

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo.
Lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones, ni a los cíclopes,
ni al colérico Poseidón.
Seres tales no hallarás en tu camino
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu, y tu cuerpo. 

Ni a los lestrigones, ni a los cíclopes,
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no lo llevas dentro de tu alma, 
si no los yergue tu alma ante ti. 

Pide que el camino sea largo.
que sean muchas las mañanas de verano, 
en que llegues, ¡con qué placer y alegría!
a puertos antes nunca vistos. 

Detente en los emporios de Fenicia, 
y hazte con hermosas mercancías:
nácar y coral, ámbar y ébano, 
y toda suerte de perfumes voluptuosos.

Cuántos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias, 
a aprender de sus sabios.

Lleva a Ítaca siempre en tu pensamiento, 
 tu llegada allí, es tu destino.
Más no apresures nunca el viaje.

Mejor, que dure muchos años, 
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido con cuanto ganaste en el camino,
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje; 
sin ella, no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, 
entenderás ya, qué significan las ítacas.


Konstantinos Kavafis (1.863-1.933)
(Traducción de Pedro Bádenas)



  

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martes, 6 de noviembre de 2012

Flowpaper

Tengo un programita en el iPad que me permite dibujar con los dedos.
Me divierto mucho, y algunas veces consigo ilustraciones chulas.
Te muestro algunas:



INTOLERANCIA


FELICES SUEÑOS


EL TELÓN DE ARLEQUÍN


LA MUSA


 GESTACIÓN


INTRALUZ


 ALEGRÍA


PERSEVERANCIA


ACUARIZADO POTEMKIM


MUY FRÁGIL


SCHEHEREZADE PINK

Si deseas ver más flowpaper mira aquí.


ILUSTRACIONES: Mariaje López.


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jueves, 25 de octubre de 2012

No voy a planchar



Cariño, he de reconocerlo: me encanta lo bien que llevas la casa; la tienes hecha un primor. Llevas por cierto unos días instándome a planchar, supongo que en broma. Que te podía planchar las camisas dices.

Si acaso que se pongan a la cola, las mías llevan esperando desde mucho antes. Confío en que te aburras pronto de esa extravagancia, que prueba un sentido del humor envidiable. Acaso protagonicé episodios del pasado en los que me ilusionaba planchar, incluso planchar bien, conducta que puede parecer aberrante siéndolo además, y de la que me he rehabilitado por completo.

De manera que sólo veo dos opciones para que continúes yendo hecho un pincel:

1.- Que uses ropa indeformable

2.- Que sigas profundizando en ese ejercicio neo-zen occidental que consiste en planchar y planchar mientras toda tu vida te pasa por delante.

Creo haber acumulado bastante penitencia para ser absuelta de asunto tan escabroso y si así no fuera, he de advertirte que todo empeño contrario a mi voluntad resultará inane.

No sé si ha quedado claro lo que intento decir, pero resumiendo:

No voy a planchar.




Mariaje López.


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domingo, 21 de octubre de 2012

Como agua para chocolate


 


Hace unos días, fuimos invitados a cenar en casa de unos buenos amigos. La anfitriona, una cocinera estupenda, nos preparó un menú de sabrosos platos muy propicios para una noche lluviosa de principios de otoño. A ella le gusta cocinar, y de alguna forma, ese esmero en la tarea se transmite con placidez a la mesa.

Durante la tertulia, surgió el tema del séptimo arte en torno a la comida. Un título que suele acudir a la memoria en estos casos, es el de la primera novela de Laura Esquivel "Como agua para chocolate". Años más tarde ella misma escribiría el guión para la película de Alfonso Arau.

Parece que la película es más conocida que la novela, pero merece la pena hacer la incursión literaria en este bello relato colorista, que pertenece al género del realismo mágico, entre cuyos productos más destacados se encuentra ''Cien años de soledad'' de Gabriel García Márquez.

La novela se divide en doce capítulos, cada uno de los cuales está encabezado por el nombre de un mes del año, y el título y detalle de una receta de cocina mexicana. Durante el capítulo se dan instrucciones para una óptima elaboración de la misma.

El realismo mágico es un género que me seduce por su forma de interpretar lo sobrenatural; esto es, con una pasmosa naturalidad. El portento es algo cotidiano y asumido sin pestañear. Se trata de una visión menos moderna de lo que parece, muy anterior al desarrollo de este género tan particular.  Ya en el Éxodo bíblico vemos que el pueblo judío tiene una manera similar de interpretar lo prodigioso. Es una forma  distinta de entender el milagro, opuesta a la que se tiene en occidente. Para ellos no se trata de un hecho que se sitúa al margen y por encima de lo natural; es lo natural puesto al servicio de las circunstancias, para crear una sincronía admirable y un resultado concreto. (Esto lo aprendí de un sacerdote que enseñaba interpretación de textos bíblicos, basados en un moderno método de estudio desarrollado en Francia, y que no era muy del agrado del Vaticano). Asimismo en los textos proféticos se da esta circunstancia, en los llamados relatos midrash, que a veces contienen una dimensión épica también presente en el realismo mágico. 

Después de todo lo dicho te traigo aquí varias cosas: para abrir boca, la lista de capítulos y recetas, como plato principal te recomiendo la lectura de la novela, y a los postres te sirvo la película completa.

Un banquete que disfrutaréis mejor en compañía. A mí me apetecen las codornices en pétalos de rosas... ¿Y a ti? 


Mariaje López.



Índice de capítulos:
 
   Enero. Tortas de Navidad. 
 Febrero. Pastel Chabela
Marzo. Codornices en pétalos de rosas.  
Abril. Guajolote con almendra y Ajonjolí. 
Mayo. Chorizo Norteño. 
Junio. Masa para hacer fósforos.  
Julio. Caldo de Colita de Res. 
Agosto. Champandongo. 
Septiembre. Chocolate y rosca de Reyes. 
 Octubre. Torrejas de nata. 
Noviembre. Frijoles gordos con chile a la Tezcucana. 
Diciembre. Chiles en Nogada. 




Y la película: