domingo, 29 de septiembre de 2019

Extramundo



   
Imagen: Dreamstime
        

Desde el extramundo mira cuanto ha dejado tras de sí. Sin deseos ni miedos, sin euforia ni disgusto contempla cómo el mundo continúa su ritmo sin su presencia. El mundo, que tantas veces sintió a sus pies, latiendo bajo los escenarios de un sinfín de ciudades. Sobre esas tablas vivió media vida, le dieron lágrimas y risas a cambio de su pasión, de su sudor. Grande en un país que no perdona a los grandes, lastrado por la envidia, el más adefesio y letal de los pecados, aunque muchas otras personas lo amaron, mientras aquellas se dedicaban a emborronar su nombre. Legión de judas de titulares amarillos, llamados rosas, mejor o peor pagados. 


Tanta gente creyendo saberlo todo de él… nunca dejó de sorprenderle que unos completos desconocidos opinaran acerca de cómo debería vivir. Sobre todo esos pobres periodistas del corazón con el corazón podrido, cuyos nombres nadie recordará dentro de diez años, por muy celebrados que sean en los tiempos que corren por quienes les ríen las gracias. 

Él, por contra, viviría ya para siempre en la memoria del arte, y en miles de corazones a los que en algún momento conmovió, maravilló, hizo latir con más fuerza, engrandeció. Porque el verdadero arte engrandece siempre, tanto al artista como al espectador. Y él, eso nadie con criterio se atreve a discutirlo, ha sido un artista excepcional. Lo sabe sin envanecerse de ello. La vanidad no existe en el extramundo. 

Ya no importa lo demás. Solo quedan la gloria y la ternura de sus mejores gestos, y los gestos de las personas que amó, de las que le amaron. Quedan las flores y la gratitud. La paz de haber cumplido con su talento, y la de haber entregado al mundo lo más bello y valioso que poseía: su arte. 

(Homenaje a Camilo Sesto (Alcoy16 de septiembre de 1946-Madrid8 de septiembre de 2019)

Mariaje López©Tu escritora personal por Mariaje López se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial.

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