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| MiPaco en Wadi Rum: foto de Mariaje López |
Tu escritora personal por Mariaje López se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial.
| Foto: Juan Antonio López del Amor (Archivo personal) |
La primavera más bella que he contemplado nunca estuvo en los ojos de mi padre. Tenían el verdor y la luz radiante, la humedad precisa, y los sueños en reposo a la espera de su floración. Cuando quiero volver a la esperanza y emborracharme de alba, tengo dos lugares a los que escapar: la sonrisa de mi niña y los ojos de mi padre.
A los ojos de mi padre se asomaba la bondad, como una joven hermosa inclinada al balcón, ansiosa por contemplar la vida. Yo podía verla cuando los miraba, pues la felicidad, incapaz de esconderse entre los rincones, encontraba allí su reflejo. Cuando mi padre era feliz lo proclamaban sus ojos, y la sonrisa siempre llegaba después, incapaz de alcanzarlos.
Todavía hoy, si por alguna cosa me avergüenzo, o no estoy contenta de mí, busco como último recurso mirarme con los ojos de mi padre, y a través de sus aguas, renovar las promesas de mi inocencia bautismal.
Solo tuve esa luz, ese borbotón de primavera durante ocho años, la época dorada de mi infancia. Pero su fuerza permanece cuando la inmundicia me cerca, y levanta una atalaya sobre la miseria para que mi mirada pueda alcanzarlo. Y así, mirándome en su espejo, pueda beberme un sorbo de pureza.
Porque la primavera más bella que he contemplado nunca, estuvo y sigue estando en los ojos de mi padre.
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| Amigos del Alma |
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| Salvador Robles Miras |
Abrid paso al mejor de los amigos, vosotros que le precedisteis en la otra orilla. Abramos paso al recuerdo, los que quedamos atrás. Alfombremos el puente con todas las páginas que quedaron en blanco, y escribamos en el cielo de las letras el nombre de un hombre noble, franco y leal.
Abramos paso al amigo de tantos. Al proclamador de la vida y del amor, al practicante de la bondad, al rastreador de belleza e incansable defensor de la equidad. Abramos el paso, y el corazón, a la radiante verdad de un espíritu que nunca usó armadura, cuya grandeza muy pocos alcanzan a igualar.
Abramos paso, y que su huella se haga reliquia en nuestra memoria, y que sus gestos y palabras se enroquen en el corazón.
Abramos paso al que nos deja ahora para ya estar con nosotros siempre.
Lo que aprendimos a su lado lo atesoramos, porque lo hicimos nuestro, y su limpio afecto vive intacto en nuestro mejor recuerdo.
Abramos paso al amigo, que fue refugio de tantos, para que su pie no roce ya con arista alguna, para que esparza tras de sí el oro de sus palabras, ya en tinta indeleble, como indeleble fue el afecto que en vida le profesamos, y por el que recibimos ahora nuestra feliz herencia: una llama cálida que no fenece, la alegría de habernos encontrado en el camino, y el inmenso honor de haberlo caminado, a luminosos trechos, de la mano.
Nos quisiste bien y te quisimos mucho, maestro. Y en nosotros vivirás por siempre, para que en las horas de flaqueza tu nombre haga acto de presencia, y nos recuerde quiénes somos.
A Salvador Robles Miras, Águilas (Murcia) 28/07/1956 – Bilbao 02/11/2024
Mariaje López
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Reseña de EL MUNDO DE LA LÍNEA INFINITA en "Acantilados de papel" con la firma de Francisco Javier Illán Vivas.
Muchas gracias por esta reseña tan bonita. La mayor satisfacción, es tener noticia de que las letras que secuencio en mi teclado, logran tocar las emociones profundas.
Gracias por comunicarlo, Francisco.
...oO0Oo...
"Ocurre muy pocas veces, la verdad, al menos a mi me sucede. Es cuando abres un libro y comienzas a leer y ves que el autor, la autora, está tocada de la magia de saber lo que nos está contando, sentirlo y descubrir cómo narrárnoslo para tocarnos en lo más profundo del sentimiento.
Me he enterado de que Warner retira de las salas la esperadísima segunda entrega de Joker. Yo misma he sido una de las espectadoras que salió del cine sin saber exactamente si acababa de ver una obra brillante o un despropósito. Parece que hay gente muy cabreada con la película. Recuerdo que camino hacia la salida le comenté a Paco que para esto mejor se habían quedado quietos, que no solo la película no estaba a la altura de la primera, sino que la perjudicaba.
Como yo soy una absoluta entusiasta de la anterior, le he estado dando vueltas al tema. Me parece injusto decir que esta película es mala. Quizá de no tener en la retina al Joker anterior no le habría encontrado a la segunda tantas pegas. Lo cierto es que no es una mala película. Le sobran esto sí, para mi gusto, los números musicales. Si vas a hacer un musical, hazlo en condiciones, no versionando viejos hits, y encima cantados reguleramente, al menos por parte de Phoenix, todo sea dicho. Esto sí me parece un despropósito.
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| Ilustración de Marta Virseda García |
Ramón tomó con dulzura la mano de su esposa:
—Cuántos recuerdos nos han dejado estos cincuenta años. Maravillosos años —puntualizó.
Ella le dirigió una mirada traviesa, y soltó una pequeña carcajada:
—¿Te acuerdas de aquella vez que nos extraviamos en París?
El hombre se echó a reír.
—¡Sííí! Claro que me acuerdo. ¡Menuda! Y mira que es difícil no orientarse en París... con esa Torre Eiffel que se puede ver desde casi todas partes.
Cómo puede ser que dos años parezcan veinte. Solo hace dos años que no veo tu rostro, madre. Solamente dos años. Y me han parecido eternos… He descubierto que cuando una madre se va el tiempo se alonga, se vuelve más pesado y extiende un denso velo de melancolía sobre las horas. El fenómeno puede ser imperceptible, pero llega una fecha, se cumple otro aniversario, y en ese punto lo entiendes.
Esto no funciona para todo. En lo demás el tiempo vuela, olvidas pasar las páginas del calendario porque avanzan demasiado aprisa. Es como si la percepción se compartimentara, como si el luto fluyera por una órbita distinta a la del tiempo convencional. Y dentro de esa órbita constatas que has envejecido más deprisa, aunque tu discurrir por ese espacio te haya parecido muy lento.
Con lo que queda de mí, ser irremisiblemente roto, engalanaré mi techo con todas las estrellas que a dibujar alcance. Y abriré en mi techo una ventana, para que pueda contemplar de noche el cielo verdadero, más allá de mi techo y de mi dolor.
Con lo que queda de mí te besaré los párpados cada mañana, para que el amor te llene antes de estrenar el día, y te miraré, aún dormido, como la primera vez que me besaste.
| En la Alcazaba de Almería. Foto: MiPaco |
Las cosas que duelen, las cosas que calman, las que sacuden, las que abren la trampilla del sótano o conducen hasta el desván.
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| Imagen: concierto de Robe en Alcalá de Henares, día 13 de septiembre de 2024. |
Lo de Robe ayer fue sobrenatural. El Poder del Arte se hizo carne y habitó entre nosotros.
Te preguntas cómo es posible tanta perfección.
Cómo cinco músicos pueden sonar como si fueran una orquesta entera.
Cómo se pueden dominar así las pausas dentro de una canción.
Cómo puede una persona que apenas se mueve de delante del micro, electrizarte el vello.
Cómo se puede llegar a tal grado de sofisticación en escena cuando lo que pinta Robe con sus letras es la cultura del caos.
Inmersa por estas fechas en el ambiente de mi primer barrio, Canillas. Removiendo las memorias para intentar ordenarlas, comprenderlas, interpretarlas. He vuelto a pisar las calles que pateé de niña, y la remembranza se anega en el recuerdo de los patios encalados, en las calles de tierra, en el aire incontaminado.
Subo por la calle Agustín Calvo, y me detengo en mitad de la acera para observar el bloque de pisos que tengo enfrente; en el bajo está la papelería Pegaso, que lleva con el cierre echado muchos, muchos años. Era de mis tíos, que habían traspasado el bar restaurante del mismo nombre, cambiando los platos y las botellas por los libros y el material escolar. Ahí, justo ahí donde está la papelería, estaba nuestra casa. Con su fachada blanquísima y el membrillo asomando, como un centinela.
¿Qué tienes, Platero?
He descubierto tu fantasma apacible lamiendo la pradera en el remanso del río. Tu pelo relucía entre los chaparros engalanados, ribeteados de sol.
¿Qué haces tan lejos de tus campos y de tu tiempo? ¿Fue mi memoria la que te trajo aquí? Yo estaba recordando mi infancia, Platero, cuando mi mirada se encontró contigo. Me he dado cuenta de que mi infancia y tú, os parecéis.
Mi infancia dulce y fuerte, igual que tú. Dulce porque sus momentos no han perdido el sabor de las caricias, ni el color de los sueños; fuerte porque ella sola ha sido capaz de sustentar toda una vida. A mi infancia le brillaban los ojos, como a ti, y trotaba libre y feliz por sus riberas como un asnillo contento, pendiente solo del minuto inmediato, del juego sorprendido, del roce esperado de unas manos seguras. Mi infancia se extasiaba en una flor, se perdía en las nervaduras de una hoja y en el olor de unos pétalos. Recibía el aliento del sol como se recibe el pan de cada día.
Mi infancia, como tú, se murió un día. Y a pesar de la física y el tiempo, Platero, mi infancia, como tú, resultó ser inmortal.
Un encuentro interminable, de Mariaje López y Salvador Robles Miras, Ed. M.A.R. Editor
Tu escritora personal por Mariaje López se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial.
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| Imagen: una de las ilustraciones que finalmente no se incluyeron en el libro, de Marta Virseda García. |
LAURADAF, BABELIO
"Curiosamente, el libro comienza y termina de la misma manera, remarcando la unidad que existe en el universo creado por la línea infinita, ya que no hay principio ni fin entre los diferentes seres. Además, lleva el mito del hilo rojo a otro nivel, ya que la línea infinita es una mezcla entre esos hilos que te unen, no solo a las demás personas, sino también a los demás seres y el hilo del destino que va marcando tu camino, lo que estás destinado a hacer y a quién estás destinado a conocer.
Es un libro corto, pero muy intenso, con una gran cantidad de fábulas mezcladas entre sí. Aunque al principio cuesta ubicar un poco cuándo están sucediendo las cosas, ya que la narración va mezclando el pasado, el presente y el futuro y, a la vez, va contando los hechos desde distintas perspectivas.
| Imagen de iStock |
Y qué si estoy aquí en la mitad del mundo, instalada en la vida, apurando la nada, persiguiendo el todo.
Y qué si ahora no sé lo necesario porque nunca pregunté a tiempo, y apenas me fue explicado lo que debí conocer.
Y ahora qué, si me faltan las certezas que ablandarían mi suelo, si no tengo las respuestas, ni sé si las necesito.
Y qué… y qué.
¿Acaso quienes preguntaron, quienes conocen su origen y apuntalan su destino son más felices que yo? ¿Más infelices? ¿Acaso se sienten más plenos que quienes lo ignoran? ¿Más personas? Sí es así lo celebro, aunque soy escéptica.
¿No siguen viviendo a ciegas, igual que yo? A ciegas, igual que todos.
Y qué si no puedo entender el origen y el final de las cosas, si solo alcanzo a ver el camino por donde me llevan mis pasos.
| Mariaje frente a El grito, de Edvard Munch. Foto de Alicia Martín Colmenarejo |
A veces siento miedo de este cansancio nuevo que me invade, que acorta mis pasos y los entorpece, que clava su bandera en mi cuerpo y en mis pensamientos. Miedo de no poder volver al sendero de antes, de que lo perdido sea irreconquistable.
A veces tengo miedo de naufragar en quimeras, de estar perdiendo otra vez el tiempo que una vez perdí, porque hay cosas –y tiempos– que pueden perderse dos veces y entonces se pierden para siempre.
A veces siento miedo del grito que llevamos dentro.
| Imagen: MARTA VIRSEDA GARCÍA, una de las portadas que no se utilizaron para el libro. |
Sí, me equivoqué muchas veces. Cuando me sobreviene el recuerdo, duele. Sobre todo si en esa equivocación alguien resultó dañado. Eso hiere de verdad, en lo profundo. Luego, procuro sobreponerme, porque sé que demorarme en ese dolor, instalarlo en el momento que vivo, es seguir equivocándome.