martes, 11 de octubre de 2016

Un mar de barro






Mariaje López

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lunes, 10 de octubre de 2016

Una fruta seductora





Mariaje López

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domingo, 9 de octubre de 2016

Dos lunas





Mariaje López

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sábado, 8 de octubre de 2016

Un acto de fe




Mariaje López

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viernes, 7 de octubre de 2016

Una cárcel en ruinas






Mariaje López
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jueves, 6 de octubre de 2016

Músico callejero



Mariaje López
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miércoles, 5 de octubre de 2016

Despedida






Mariaje López

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martes, 4 de octubre de 2016

Primera página de Beatricia




CAPÍTULO 1
La Noche en Blanco


Diario de Alcalá, 14 de junio de 2012




Mariaje López

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lunes, 3 de octubre de 2016

Ejercicios de calentamiento para Beatricia


De aquí a un mes se publicará Beatricia. Aquí te iré dejando bocaditos para el viaje. Ponte calzado cómodo y lleva algo de abrigo, el camino será largo, aunque te dará pena que se acabe. ;-)



Mariaje López

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viernes, 16 de septiembre de 2016

Cerrar los ojos



En Blanes, un invierno de sueños blancos y felices juegos.


Cerrar los ojos y volver a la mirada luminosa y atónita de los días de sol, a los geranios y las canciones en el patio, a las risas de hierbabuena y membrillos en los armarios.

Cerrar los ojos para abrir las mañanas de aventura, de hormigas y caracoles, de vestir y desvestir muñecos alimentados con pétalos de margaritas.

Cerrar los ojos para jugar en calles encharcadas sin asfalto, engalanadas de truques y rayuelas. Elíseos infantiles de bajo coste, rincones azotados por las deshilachadas combas de saltos infinitos, laberintos de carreras, de sonrisas cómplices y tropezones.

jueves, 25 de agosto de 2016

Bäsle, mi sangre, mi alma: el Mozart que nos robaron.





He pasado el último mes leyendo las Novelas reunidas de Miguel Ángel de Rus, un grueso volumen que recopila cinco de sus novelas escritas en los últimos veinte años: 

Europa se hunde
Dinero, mentiras y realismo sucio
Cuando entregarme a los hombres era la única venganza
Patria
Bäsle, mi sangre, mi alma

Esta colección me ha proporcionado muchas horas de plácida lectura, y cada obra, a su modo, ha logrado despertar mi interés y mi admiración. Sin menoscabo de las cuatro primeras, que tal vez aborde en otra ocasión, reseñaré hoy la última de todas las citadas, solo porque además de su gran calidad percibo en ella cierto cambio de registro, un regusto más acentuado de su genuino clasicismo moderno.

miércoles, 17 de agosto de 2016

El faro


Con mucho cariño, me permito un pequeño detalle para mis amigos y grandes artistas, Salvador Robles Miras y Jesús Acebedo Piano, que han unido su talento en un disco a punto de salir al mercado, y deseándoles mucha suerte. Intento, (solo intento), recrear un botón de muestra, pidiendo a ambos perdón por la deficiente calidad del audio. (Ilustración: Mariaje López)

En Ivoox hay más audios de La Casa de las Mil Voces, para quien guste escucharlos. 





martes, 26 de julio de 2016

Los tirabuzones de Lovecraft



Howard Phillips Lovecraft 



Le he pedido a mi madre que me corte el pelo. Bueno, se lo llevo pidiendo desde los tres años, pero hoy, ya con seis, se lo he exigido. Quiero usar pantalones y no volver a ponerme un vestido nunca más. A ver si los mayores dejan de llamarme rayito de sol por el azul de mis ojos y esos melifluos bucles dorados que adornan mis hombros. 

miércoles, 20 de julio de 2016

Tiempos de cólera

















Vivir,
en la violencia sorda que destroza el oído
a golpes de locura oculta entre los pliegues.

Vivir,
y olvidar que acecha, que amenaza,
para poder sonreír en las aceras pobladas,
para dormir el sueño de la luna blanca,
de las estrellas que no vomitan al alba.

Vivir,
ahuyentando el estrépito hasta que te alcanza,
hasta que la noche y el dolor te atrapan,
y respirar,
para dejar de preguntarte cuándo vivir
se convirtió en una trampa.


Mariaje López.


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jueves, 7 de julio de 2016

Te estoy queriendo.





Caminas a su lado como tantas veces, y de pronto le miras sin el filtro opaco de la costumbre. Rozas en la llamarada la gloria secreta de su mismidad, y un vértigo dichoso agita el pecho de tu humanidad herida.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Noches en vela






Noches lentas, de música errante en los oídos,
noches de duermevela.
Mundos que se deslizan tibios
entre las brumas.

Extramuros, donde el presente habita,
brilla la claridad del día, jubilosa.
Y me mira.
Detrás del cristal, al otro lado de la noche.

domingo, 22 de noviembre de 2015

A la sombra de un tilo





“El escritor se sentó en un banco del parque, en su lugar preferido, bajo la sombra de un tilo, extrajo el cuaderno y el bolígrafo del cartapacio, observó el panorama durante unos segundos, imaginó otros tantos y escribió… una historia verdadera, de esas que se gestan en el corazón de la vida. La tituló “A la sombra de un tilo.”. 

A la sombra de un tilo - (Salvador Robles)



Pasa, amigo mío... mío y de esta casa que nos acoge a los dos; entremos en la biblioteca. Tengo un nuevo libro que mostrarte, de un autor del que ya te hablé otras veces: Salvador Robles. Ven y te mostraré un texto de lujo, con varios relatos, entre sus más de quinientos, premiados antes de su publicación. Un libro que, como un amante tranquilo y delicado, acaricia el espíritu en reposo. La primera acepción de la palabra reposo en el diccionario es: descansar, dar intermisión a la fatiga o al trabajo. 

Pues bien; en ese espacio de privilegio siempre encaja como un guante una buena lectura. 

martes, 17 de noviembre de 2015

Escombros






Vuelvo a la Casa y aquí siguen las Mil Voces; 
tienen alma propia y no me necesitan, pero aquí estoy. 
Cada día recojo los escombros y vuelvo a levantar columnas. 
Oleadas ciegas las sacuden, pero el basamento aguanta. 
Esta noche es el cimiento de mañana, 
cuando mis palabras vuelen abriendo las ventanas.



Mariaje López.



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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Privilegios ínfimos





Cuando tomo esta imagen es el penúltimo día del verano. Las ramas del gran cedro que preside el jardín se mecen perennes y nostálgicas despidiendo el estío, y el encumbrado tronco se asoma muy por encima de los tejados prestos a recibir el otoño. Los gorriones acuden alegres a los comederos dispuestos desde la primavera. Suena música para escribir; lenta flauta y bronca guitarra; voz de mujer, cantos de arena que se deslizan entre las cuerdas y se pierden en el viento rojo de algún desierto dormido. 

Los gatos sestean en el columpio, y uno de ellos, el rubio, al atisbar la parafernalia conocida –yo cargada con el portátil y otros útiles de escritura- se acerca hasta mí de un salto y media docena de pasos elegantes. Maúlla, observa, me ofrece el lomo pajizo demandando caricias, quizá algún rato de juego. Es una liturgia aprendida, pactada, en la que ambos sabemos lo que hay que hacer. 

jueves, 17 de septiembre de 2015

Explicaciones.





Apreciado amigo: 

Sin darnos cuenta han transcurrido dos meses y medio desde que escribí por última vez en este blog. Ya que has tenido a bien visitarme de vez en cuando, te debo al menos una explicación de por qué en te has encontrado la casa vacía -que no cerrada- durante todo el verano. 

jueves, 2 de julio de 2015

Relatámpagos (3)


Relatámpago: Dícese del relato relámpago. 

Aquí los siete de la tercera entrega; y los 14 de las dos primeras acá y acullá

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DESPRECIO ETERNO

Por su multitud de crímenes los súbditos huían, aterrorizados, de su presencia. Sólo la muerte pudo hacer justicia, dejándole vivir eternamente. 

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lunes, 22 de junio de 2015

Relatámpagos (2)


Como ya quedó explicado en la primera entrega, me he inventado una palabra para los relatos hiperbreves de una sola línea, o como máximo dos. En mi imaginación ya la veo aceptada por la Real Academia (sonrío):

Relatámpago: Dícese del relato relámpago. 

Aquí los siete de la segunda entrega; y dos sin tres no habrá. 

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PEQUEÑO GRAN AMOR

Pasaron la última noche mirándose a los ojos. Antes del sueño final, el corazón del gato le entregó al humano cuanto amor tenía. Y se derritió la nieve en la claridad del alba.

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martes, 16 de junio de 2015

Mundos efímeros.






Cada día el viajero desdoblaba el mundo a su antojo, de su mirar brotaban palomas, etéreas masas de tierra que volaban junto al tren, costas abruptas de olas espumosas rompiendo en el azul, desiertos y bosques encantados. Desde la ventanilla se erigía en hacedor de mundos, y avanzaba seguro, dejándolo todo atrás. 

Al anochecer bajaba nuevamente al suelo de la realidad y tornaba a su miseria, la de un pequeño iluso varado en el andén, sin más afán ni rumbo que la noche oscura, sin más destino que la soledad. Y arrastraba otra vez, lúgubre y manso, el peso del alma ya vacía, hasta que por la mañana cambiase unas monedas por otro billete, y su indigencia por la creación. Suyo y solamente suyo era aquel mundo efímero, pero glorioso, que cada día entre estaciones, jugaba a inventarse desde el tren.



Mariaje López.



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lunes, 8 de junio de 2015

Relatámpagos




Me he inventado una palabra para los relatos hiperbreves de una sola línea, o como máximo dos. En mi imaginación ya la veo aceptada por la Real Academia (sonrío):

Relatámpago: Dícese del relato relámpago. 

Podría suceder incluso que el título fuera más largo que el relato. Aquí te dejo 7 de la casa. 

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EL DOLOR DEL TIEMPO

Los relojes dieron lágrimas en vez de horas, y el mundo se llenó de anfibios semihumanos.

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martes, 2 de junio de 2015

Una pegatina en el metro y una declaración de amor.



Cuando viajo en metro acostumbro a leer esas pegatinas de los vagones que muestran algunos párrafos de buena litertura española; raro ha sido que después de este aperitivo no me haya quedado con ganas de remendar el festín, pero hubo un día que recuerdo especialmente. Viajaba de pie, frente a la puerta automática, y junto a ella había una de esas láminas ilustradas que me dispuse a leer. La primera frase me entró directa como un cuchillo: era un fragmento de MORTAL Y ROSA, de Francisco Umbral.

Al escritor, ya en la cuarentena, se le murió su único hijo de leucemia, con seis años. Durante los doce últimos meses, mientras se despedía lentamente, Umbral escribió un diario, según la crítica el mejor trabajo de su vida y una de las obras maestras del siglo XX. No exageran. Después de leer aquel único párrafo salí del metro dispuesta a comprarlo. Tuve suerte; en la librería más cercana quedaba un ejemplar de bolsillo.






miércoles, 20 de mayo de 2015

Viajes Barrera, a la carrera.



Nuestra chapa insignia.



Tengo un amigo que, desde hace varios años, organiza excursiones temáticas y viajes para sus amigos. Éstos son tantos, que no sólo llena con ellos un autocar grande en un santiamén, además hay lista de espera con los que quieren y no pueden ir. El que no se espabila tiene que aguardar a la próxima ocasión, y no espabilar aquí significa a veces tardar un día en apuntarse. Por eso mi amigo es tajante en respetar el orden de inscripción. 

Bernardo tiene un apellido que no le retrata en absoluto: Barrera. Y digo que no le retrata porque he visto a pocos individuos tan echaos pa'lante como el susodichoTendría mucho que contar, pero vamos al asunto que nos ocupa; y que son estos viajes que pasa meses organizando, porque mover a sesenta personas sin ser profesional del ramo, y hacerlo bien, tiene su miga. No sólo mueve al personal: selecciona destinos de la geografía patria, busca los mejores hoteles en relación a su calidad/precio, negocia los presupuestos finales rascando todo lo que puede, consigue los guías más cualificados, elige unos menús espléndidos de ver y gustar, convence a los hosteleros de las ventajas de obsequiarnos con un chupito en la comida y otro en la cena. Si se niegan -que los hay-, insiste; encantadoramente, pero sin aflojar. La perseverancia de Bernardo es el azote del sector; si no lo consigue es porque ha dado con el mismísimo Harpagón.* 

miércoles, 13 de mayo de 2015

Ventanas.






Brillan al anochecer, como como párpados indolentes que destapan sus secretos, como pupilas que se vuelven ciegas para ser miradas.

Ventanas que fascinan, que inquietan, que conectan con mundos aleatorios y asiduamente propios. Contrapicados de lámparas, esquinas de estanterías y armarios, voces, músicas, siluetas. Ventanas, ojos de la casa, del hogar que nutre y preserva, o también —ay— del infierno más virgen.

Mi niñez desmochada buscando siempre el hogar amable, seguro, nido de rumores ocultos y de fuego amigo, templo donde el estrépito se arrodilla fuera, ante sus puertas.

martes, 12 de mayo de 2015

Amnesia.






Ponía tanto empeño en anularse, que su única esperanza era perder del todo la memoria para dejar de ser ella misma. Sólo siendo otra persona se daría licencia para reconquistar su identidad perdida.





Mariaje López.



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lunes, 20 de abril de 2015

Contra el cielo, reeditada, y también la crónica.





En Villa del Norte estalla un coche con cincuenta kilos de pólvora y tres personas dentro, dos hombres y una mujer. Los medios de comunicación difunden la noticia de que se trata de miembros del comando terrorista más sanguinario de la —así llamada— Organización. El padre de la joven muerta, un librero recientemente viudo de ascendencia judía, niega que su hija perteneciese a la banda, aunque para aumento de su desgracia las evidencias parecen incontestables. Tiene en su contra a una prensa ansiosa de carnaza, una sociedad enfrentada y unas conciencias acostumbradas al alimento predigerido. Pese a su gran dolor, se enfrenta a todos para limpiar el nombre de su hija y dejar clara su condición de víctima. Ignora la razón por la que ella estaba en ese coche, pero conocía a Ainara mejor que nadie, y eso le basta. 

A partir de aquí veremos desfilar a todos los arquetipos posibles de una geografía fragmentada, mucho más que por las ideas, por la violencia. 

jueves, 16 de abril de 2015

Palabras en el silencio.





Días de silencio y de mirar al cielo,
de tinta y papel ansiosos de caricias mutuas;
de miradas que bucean entre los pliegues de un verso.

Allí donde la inspiración campa sin censura ni arrogancia,
donde la memoria aviva su pálido regusto añejo.


Mariaje López

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lunes, 6 de abril de 2015

Entropía

















La copa quebrada nunca tornará a ser una,
y el vino vertido no ha de regresar.
El sol que te alumbra, fiel a su destino,
en su entraña de fuego se consumirá.

jueves, 26 de marzo de 2015

El interesante caso del ferrocarril que desapareció durante una hora.







El ferrocarril dejaba asomar apenas su esqueleto de costillas grises, oculto entre la nieve algodonosa que se fundía lentamente bajo un sol imbatible.

En la estación de Indolence se congregaba aquel día un nutrido grupo de excursionistas que pretendían pasar el día festivo en los museos y bares de Caoslan, la gran metrópolis, y los viajeros se aproximaban al borde del andén, tensando el cuello para escrutar la lejanía impoluta del inmenso valle, tras lo cual, se apartaban frotándose las manos al calor de su aliento. 

—Viene con retraso.

—Con semejante nevada, ¿a quién extraña? 

Una voz femenina anunció por megafonía que el tren con destino a Caoslan efectuaría su entrada en la estación en breves minutos. En los andenes se escucharon exclamaciones y palabras de alivio. Una joven mujer extrajo a su bebé del cochecito, en tanto que su acompañante, un tipo fornido de baja estatura, plegaba el vehículo. A su lado pasó un hombre de pelo rizado y barba gris, ataviado con un abrigo negro, algo raído. Sostenía una carpeta preñada de folios.

—¡Versos, señoras y señores! ¡Versos por la gracia de unas monedas!

—Es el poeta —dijeron los del fondo con cierto desdén. El poeta era un pasajero asiduo de los vagones, y por tanto bien conocido por los usuarios.

Escucharon el familiar sonido que confirmaba la inminente llegada, y acto seguido vislumbraron la forma trapezoidal de la locomotora agrandándose mientras se acercaba. Entonces ocurrió algo sorprendente: el tren, y no solamente el tren, sino también las vías, desaparecieron; se esfumaron ante la mirada perpleja de los viajeros. En su lugar se extendía una llanura virgen, cuya intacta blancura desafiaba la lógica.

Tras las exclamaciones primeras, reinó un silencio absoluto. Muchos creyeron estar soñando; otros, sobrecogidos, apenas lograban reaccionar en modo alguno. Un joven se apartó los auriculares y gritó, como única respuesta a lo desconocido. Le imitaron dos mujeres a las que siguió un viejo al que secundaron muchos, lo que desató el caos. Unos pocos intentaban calmar a los histéricos, esgrimiendo hipótesis de lo más peregrinas: extraterrestres, cámara oculta, experimentos militares, segunda venida de Cristo, fin del mundo... Alguien habló de poner una reclamación. 

La misma voz que anunciara la llegada del tren, ahora, con perceptible confusión, intentó poner orden. 

—Ferrocarriles del Norte lamenta el incidente. En cuanto nos sea posible informales de lo sucedido, lo haremos. Estamos recabando datos. Les adelantamos que la causa es totalmente ajena a nuestra organización. Rogamos mantengan la calma. Disculpen las molestias. 

Tales palabras no consiguieron sino aumentar el nerviosismo general. Las protestas elevaron el tono, pero nadie se movió de allí. Aquello era demasiado intrigante para quedarse a medias. En los siguientes cincuenta minutos no sucedió nada, salvo la repetición intermitente del mensaje oficial, y las elucubraciones cada vez más enrevesadas. Al cabo de este tiempo las vías reaparecieron, así como el tren, que continuó acercándose a la estación desde el punto en que lo había dejado.

La muchedumbre se apresuró a tomar posiciones en el borde del andén, devorados por la ansiedad.

—Ellos nos contarán lo que ha pasado —se repetían unos a otros, ahítos de curiosidad.

—¡Sí, sí! ¡Ellos tienen que saberlo!

Examinaron con avidez los cristales de las ventanillas mientras pasaban veloces ante ellos. Con un silbido largo el tren se detuvo. Los vagones, por costumbre abarrotados, estaban vacíos. 

Un terror repentino sobrecogió las almas. En medio de un silencio gélido se abrió la puerta de la cabina de mando, y asomó por ella una cabeza tocada con una gorra. Le siguió el cuerpo, que se intuía delgado a pesar del grueso anorak azul desvaído que lo cubría. El maquinista se quedó en el primer escalón para que todos pudieran verle, y levantó la mano izquierda, en la que sostenía un megáfono. Sus facciones amables desentonaban con las de su público. Consciente de la expectación se dispuso a tomar la palabra.

—Estimados amigos: están todos invitados a subir a este tren. Como cada día.

Los oyentes se miraron extrañados. Aquel hombre estaba loco, sin duda.

—Sí —prosiguió—, ya sé que no tienen noticia de ello. Es natural porque quien se queda en el andén lo olvida todo; y así sucederá también esta vez. Quien no suba a este tren hoy olvidará su existencia. Pero no hay que preocuparse amigos míos, mañana les llegará de nuevo la oportunidad. Mi consejo, si se me permite, es que no la pierdan. 

—¿Y cuál es el destino de tan raro transporte? —El maquinista sonrió y volvió a acercarse el megáfono. 

—Este tren, señoras y señores, tiene como destino la Sabiduría. Ni más, ni menos. —Un nervioso murmullo generalizado recorrió la estación. 

—¡Sí, sí! Así es. Todo el que suba a bordo y prosiga el viaje la obtendrá seguro. Más…

—¡Hable, hable!

—Más esto trae una consecuencia. 

—¡Déjese de rodeos y hable de una vez! —gritó un señor irritado.

—Eso, explíquese: ¿qué consecuencia es esa? —inquirió otro con gafas y bigote, rechoncho y tripudo. 

—¡Ah, señor mío! Que nunca podrá regresarse al estado de ignorancia. —Hizo una pausa, ya que estaba acostumbrado a las peores reacciones ante semejante oferta— El billete no cuesta nada, señoras y señores. Es completamente gratis. 

Hubo silencio. El maquinista inspeccionó el andén, y haciendo como si en verdad esperase una respuesta entusiasta, preguntó:

—¿Cuántos se atreven?

Nadie se movió del sitio ni abrió la boca. Algunos endurecieron el gesto, pensativos. 

—Yo voy.

La voz llegaba desde el fondo. Todos volvieron la cabeza: era el poeta. Éste se guardó el bolígrafo y apretó contra el pecho su carpeta de folios. Los otros le abrieron paso, admirados los necios, envidiosos los cobardes. Apenas entró en el vagón, el poeta comprendió el porqué de ambas cosas. La promesa no tardaba en empezar a cumplirse, pensó.

—¿Alguno más? -insistió el maquinista. 

El hombre bajó el megáfono y sonrió con tristeza.

—Siempre puede más miedo —murmuró para sí. Se descalzó la gorra y la agitó en el aire. —¡Disfruten de su día!

Se despidió amablemente y desapareció en el interior de la cabina, momentos antes de que se cerrasen las puertas del tren. Todas las puertas. 

Un segundo después los viajeros habían olvidado todo lo acontecido en la última hora. Ni siquiera el reloj de la estación, o el de ningún otro viajero delataba el lapsus de tiempo. El tren de Caoslan llegó a la hora prevista, y nadie entonces, ni muchos años después, reparó en la desaparición del poeta. 


Mariaje López ©


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lunes, 16 de marzo de 2015

La exclusiva de Salvador.


La exclusiva del Asesino. Foto de portada: Maibi Marisa Bilbao. 



Si buscas en una librería la novela de Salvador Robles Miras, "La exclusiva del asesino", puede que la encuentres en la sección de novela negra. Una observación atenta te revelará quizá que no se siente muy cómoda en su estante; la pupila de su caracol vigilará con inquietud peregrina la sección vecina de filosofía. 

Está donde está porque esconde un crimen pronto al destape, y policías que seguirán pistas falsas que darán de remate con las verdaderas. Pero el asesinato es sólo una excusa para contarte otras cosas, esas tan difíciles de rastrear, o más, que las huellas de un opaco crimen

lunes, 9 de marzo de 2015

Rencores y Catarsis.






Hoy ha sido un día extraño: hoy se me ha caído el rencor. 

Para mí ha sido un misterio, porque llevaba años persiguiéndolo. Ahora sé que no lo intentaba de veras porque creía, sin asumirlo, que el rencor era un escudo. Me acuerdo de un sabio que decía algo así como que de poco sirve el esfuerzo para desterrar creencias, ya que éstas se disuelven solas en la comprensión. 

Comprender es más que saber; es ir más allá de la consonancia intelectual. La consonancia intelectual sabe que fumar es perjudicial para la salud, por ejemplo. Sabe, pero no comprende el total alcance y sigue fiel a su conducta viciada. Pero si además de saber comprende, deja el cigarrillo sin ningún esfuerzo, es como si se le cayera de la mano inadvertidamente; conozco un par de casos que sirven de ejemplo a lo que digo. El sabio al que me refería era Krishnamurti; y tenía razón.