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| Imagen: Dreamstime |
Desde el extramundo mira cuanto ha dejado tras de sí. Sin deseos ni miedos, sin euforia ni disgusto contempla cómo el mundo continúa su ritmo sin su presencia. El mundo, que tantas veces sintió a sus pies, latiendo bajo los escenarios de un sinfín de ciudades. Sobre esas tablas vivió media vida, le dieron lágrimas y risas a cambio de su pasión, de su sudor. Grande en un país que no perdona a los grandes, lastrado por la envidia, el más adefesio y letal de los pecados, aunque muchas otras personas lo amaron, mientras aquellas se dedicaban a emborronar su nombre. Legión de judas de titulares amarillos, llamados rosas, mejor o peor pagados.