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| Q Train’ – Nigel Van Wieck |
Ya no hace falta cerrar los ojos para divisar abismos. Basta caminar despierto con los pies atados, para caer en el vértigo infinito de un segundo estancado.
Apenas quedan líneas puras en el paisaje. Todo se contorsiona en un amasijo de alambres oxidados.
Solo la luz vespertina calma las horas en un instante fugitivo del tiempo e infiernos ambulantes.



















